-Apaga el mundo. ¿Puedes oírlas reír?- preguntó ella con una tierna
sonrisa en su mirada. Él simplemente cerró los ojos, respiró profundo y asintió
con la cabeza.
–Ten cuidado, no las vayas a pisar- advirtió –Toma mi mano y no abras
los ojos- reía ella traviesamente y al ver su cara de desconfianza le dijo:
-Confía en mí-.
Ella tomó su mano enérgicamente y lo guio por el viejo camino de
toscas bañado de hojas, el aroma otoñal viajaba en el viento que acariciaba sus
frías mejillas e intentaba colarse entre sus abrigos. Las hojas tomaron vuelo,
ella rio y comenzó a danzar con ellas sin nunca soltarse de las manos.
Él abrió los ojos lentamente e inhaló sus carcajadas, era tan
perfecta, una creación divina que cayó del cielo por equivocación pero para
complementársele. Había aprendido a amar y si un día los dioses se juntaran
para reclamarla, él se rehusaría aunque Zeus lo amenazara con sus rayos. Su
simple manera de ver las cosas, de disfrutarlas sabiendo descubrir cada día
algo nuevo en ellas, con esa misma sencillez llegó a su vida y se adueñó de su
corazón. Pero este no es uno de esos amores que enferman o que se vuelven
monótonos, ni tampoco de esos que parece que nunca acabarán porque se aman
demasiado, nada de eso, este es del real.
-¿En que piensas?- preguntó, siempre con su bella sonrisa iluminando
su rostro.
-Pensaba en lo triste que debe ser para los dragones, perder a sus
princesas- sonrió.
-¿Sabes? A veces creo que estás loco, solo un poquito-
-Lo dice quien baila con hojas, suena lógico viniendo de ti-
Rieron al unísono y caminaron abrazados unas cuantas cuadras hasta que
las nubes se empezaron a teñir de varios colores, el día estaba cayendo y junto
a la noche, el frio los amenazaba.
–NO SIN ANTES VER EL ATARDECER- reclamó ella leyéndole la mente. Corrió
calle abajo en busca de un espacio donde se pudiera ver el cielo –esta gente
insulsa, muchas edificaciones y no dan espacio a las cosas bellas como el cielo-
ofuscada se acostó en la calle y gritaba “CUANDO YO SEA MAS GRANDE VOY A CREAR
UN PAIS, TODOS VAMOS A PODER VER EL CIELO EN SU TOTALIDAD Y TODOS LOS
ATARDECERES SERAN DIAS FESTIVOS”.
Él riendo para si, se acercó a ella y la cargó en su espalda -vamos a
verlo- dijo, y comenzó a caminar rápidamente en dirección hacia la costa, allí
no había edificaciones que estorbaran.
-A este paso no llegaremos nunca, tortuga-
-Y tú no eres ninguna pluma, agradece que accedí a llevarte porque con
el frío que hace ya deberías estar en casa.
-Mi casa queda allí no más, aparte tu campera es calentita- depositó
un tierno beso en su oreja
-Lo se, y no sabes lo bien que me vendría en estos momentos-
-No te preocupes cariño, ya falta poco- rio.
-Llegamos justito, ¡mira! ¿No es hermoso?- gritó emocionada –GRACIAS,
GRACIAS, GRACIAS- cada gracias venía acompañado con un beso en diferentes
lugares.
Observaron como lentamente el sol se ocultaba, abrazados para darse
calor y diciéndose cosas tiernas en secreto.
-¿Sabías que? Para los egipcios el atardecer era un momento sumamente
importante, y hay gente que ni siquiera se toma unos segundos para observarlo. Para
ellos el sol era el dios Ra, ¿Crees que el sol sea nuestro dios? ¿Nuestro
padre? ¿De donde venimos?, creo que es interesante verlo de esa manera, y
pensar que hay gente siquiera se pregunta estas cosas. ¡Preguntas que para mi
son tan necesarias e importantes!- decía ella con seriedad
-Es por eso que tu eres única y diferente- sonrió –Lamentablemente no
tengo respuesta a tus preguntas metafísicas, pero juro que haría todo lo
posible solo para contestártelas. Amo tu forma de pensar, tu manera de ver las cosas.
¿Estas segura que no sabes quien es nuestro dios?-
-No tengo idea, ¿por qué lo dices?-
-Porque creo que tú eres su hija perdida o algo semejante- contestó
mirándola fijamente a los ojos, con un brillo especial en ellos, amor.
Ella no dijo nada, simplemente se le quedó mirando pensativa. Después
de un largo rato sin hablar dijo: -y tú debes ser el peor de los poetas- le dio
un golpecito en el hombro y antes de que él pudiera decir algo para defenderse
ella lo besó. Sus almas siempre estuvieron y estarán conectadas, dependiendo
una de la otra, pero en ese beso sintieron como sus almas se acariciaban al
ritmo de sus labios. Eran rosas de cristal, un simple movimiento en falso y
cualquiera de los dos se podía romper, pero no había de que preocuparse, el libro
del destino ya estaba escrito y ellos sabían perfectamente el final, ambos
juntos en la eternidad.
Volviendo a casa, iban jugueteando con las hojas, sus manos y el
viento que era lo único que se interponía entre ellos.
-¿Alguna vez te preguntaste como va a ser nuestro futuro?-
-Muchas veces, ¿tú?-
-¿Y que imaginaste?-
-Nosotros, viejos y con una hermosa familia. Pero por sobre todo,
mucha felicidad-
-¿Crees que seguiremos estando juntos por siempre?-
-Siempre, mientras que yo viva nada hará que me separe de ti, lo juro.
Y no son esas promesas que sé que no voy a cumplir, estoy completamente seguro
de lo que digo, y si por razones del destino nos llegáramos a separar luchare
contra fuerzas sobre naturales para volver a tenerte. Estemos juntos o no, yo
un día me voy a casar contigo, quiero pasar el resto de mi vida junto a ti
porque sé que así me despertaría todas las mañanas sonriendo, sinceramente eres
luz. Una luz que calienta todo mi interior y me hace sentir vivo, no imagino la
vida sin ti en ella. Incluso cuando no estabas en ellas te anhelaba.- tomó su
mano- Hoy 26 de Abril de 1972 prometo amarte eternamente, y en señal de esta
promesa te entrego mi corazón- arrancó un jazmín y se lo entregó- si tu lo
riegas diariamente y le das razones para vivir, yo nunca moriré, siempre será
tuyo.- besó su mano- Te amo.