Aquella muchacha que en pleno Enero corría por la playa, todos decían
que estaba loca. Pero yo se que ella era feliz, sus problemas eran menores a
sus ganas de vivir, nada importaba más que la diversión. Puedo decirlo porque
era mi amiga, aquella muchacha de cabellos castaños y ojos transparentes era
gran amiga mía. Siempre estaba dispuesta a todas las proposiciones, con una
gran sonrisa y su tierna risa característica, era muy servicial y cariñosa.
Sensible de más y de bajo autoestima. Yo siempre la traté como una muñeca de
porcelana, tan frágil e indefensa. Siempre la vi como una persona bien formada
en valores, y que realmente sabía apreciar la amistad, un poco alocada de más,
pero su presencia nos alegraba a todos en donde sea que ella entrara. La
extraño, un poco más de lo que podría imaginar.
Aquella tarde de verano, estábamos todas reunidas en la playa, no
teníamos limitaciones ni preocupaciones, éramos libres por una semana. Alguna
que otra rebeldía de jóvenes, totalmente indefensa, ninguna tenía malas
intenciones. Solo una de nosotras, esa siempre fue la oveja negra, y este año
que recién comenzaba, se notaba. Había cambiado, ya no pensaba en las mismas
cosas, ni tenía la misma idea de “semana de descanso en la playa con amigas”,
si bien ella hacía divertidos los momentos, yo no estaba nada alegre con su
cambio pero tampoco me importaba mucho.
No me sorprendió que su llegada alterara las cosas, aquella muchacha
que corría alegre por la playa fue influenciada por la oveja negra. Esa noche
sucedió algo común para muchos adolescentes, pero nuevo para nosotras. Después
de preocuparnos, gritar, patalear, y casi pelearnos físicamente, procuramos
cuidar a nuestra amiga y la llevamos a casa. Fuimos pocas las que nos
mantuvimos despiertas toda la noche cuidándola, nos turnábamos, y buscamos
soluciones de todo tipo. Esa noche todo cambio, ella había conocido las
tentaciones y yo comencé a sentir el aire de aquel grupo de amigas tan unidas
que se estaría por fragmentar.
Hoy, es solo una divertida anécdota que en secreto quedó guardada.
A partir de aquel verano, ella cambió. Nuevo año, retornamos al liceo,
nuevas esperanzas. La oveja negra y ella se hicieron más amigas, y en nuestro
grupo se notaban diferencias. Ambas comenzaron a salir, a conocer la noche
urbana, tomar, fumar y todas las cosas que implica salir a bailar. La oveja
negra con novio, ella soltera.
A medida que el tiempo fue pasando, cada vez se distanciaron más y
más, por lo menos conmigo, me daba vergüenza verlas y saber las cosas que
hacían, pero aun así las consideraba amigas, les daba consejos y mis opiniones
pero según ellas yo fui moldeada a la antigua y no se lo que es la diversión de
hoy en día. Como sea, yo no tenía nada que ver, que hagan lo que quieran. Todo
lo malo que uno hace, vuelve.
Una mañana de invierno ella llegó al liceo encapuchada, el día
anterior no asistió a clases y las semanas anteriores actuó de manera extraña y
sospechosa. Nadie supo que le ocurría, solo hablaba con su amiga, fieles
compañeras del crimen. No nos costó darnos cuenta lo que sucedía, y mucho menos
comprobarlos, estaba enferma y gravemente.
Nos desesperamos, hablamos con mayores, debíamos hacer algo, nuestra
amiga, podría estar con riesgo de vida. La amo, no la quiero perder, no sin al
menos haber intentado todo lo posible por salvarla.
Los días pasaban y la situación seguía igual, cada día la tristeza me consumía
más.
Ya no corría, no saltaba, no reía, solo lloraba. La amistad no era tan
importante, o por lo menos no tenía confianza para contarnos. Sus valores se
habían esfumado, su sonrisa también. Las ojeras, sus extrañas actitudes… su
repentino adelgazamiento. Ella ya no era ella, era otra persona dentro de su
cuerpo, su desgastado cuerpo. Por favor, devuélvemela.
No encuentro motivos que la llevaron a esto, no encuentro solución, ni
palabras de apoyo, sus lágrimas, mis lágrimas, nuestras lágrimas unidas por una
misma lucha. Una lucha que ella no quiere luchar, ella quiere seguir así, ella
cree que está bien. Un abrazo de consuelo, donde le trasmito todas mis fuerzas,
todo mi dolor lo convierto en energía positiva que la ayude a recobrar sentido,
a cambiar de idea. Por favor, no dejes que nada malo le pase.
“Te amamos” dijimos todas al unísono y cada una fue camino a su hogar, este maldito viernes
en que ella confió en nosotras y nos contó todo, me destruyó. Sinceramente no
hay nada que pueda hacer, quisiera ser un súper héroe y poder ayudarla, pero no
puedo, lo único que debo hacer es callar y apoyarla.
Que triste a lo que uno es capaz de llegar a hacer solo para complacer
a esta puta sociedad. Me repugna, me da asco. El espejo no es nada más que una
pura ilusión de su mente, se alimenta del vacío y así se siente bien. Si tan
solo pudiera ser Dios, me encargaría de que esta sociedad fuese distinta, otros
ideales, sería completamente distinto.
Y pensar que hace millones de años el cuerpo era considerado algo
vulgar, algo sin sentido, lo más importante era el alma. Seré moldeada a la
antigua… pero mi alma tiene más valor que un maldito reclame de modelos
sumamente delgadas. Y si la gente pensara al menos un poco como yo, créeme que
todo sería un poco más distinto. No soy nadie, pero agradezco seguir siendo
fiel a mi misma y no dejarme llevar por las tentaciones, agradezco todo lo que
tengo y todo lo que no tuve que vivir. Pero por primera vez me encuentro ante
algo que me preocupa demasiado, ante una situación que me destroza por dentro,
y no me gustaría llegar a lo peor.
Te lo prometo amiga, ya va a volver aquella muchacha que en pleno Enero corría por la playa.