Paseaba rodeada de gente, y aún así estaba sola. Veíamos la luz de una casita al final del camino, si ellos pensaban entrar para pedir ayuda, lo iban a hacer sin mí. Hacía bastante tiempo que me sentía ajena al grupo, ya no eramos lo mismo y nunca volveríamos a serlo. No después de este viaje.
Este viaje había acabado con la vida de una amiga, la más indefensa por cierto. La idea era perfecta, todos íbamos a disfrutar de las mejores vacaciones, y esa era mi última esperanza para volver a sentir que el grupo aún no se había perdido, que aún estaba allí. Sin embargo, creo que nunca existió realmente.
Lo que ocurrió fue que de repente la tierra se tragó a una de nuestras amigas, la más débil, como ya dije, y ellos no hicieron nada por ayudarla; es más, si me lo preguntan podría echarle la culpa a alguien, pero no voy a entrar en esos temas. Ahora nos habíamos tenido que desviar del camino y estábamos perdidos en medio de un bosque, "por lo menos tenemos un camino" -pensé-. Que ironía, de todas formas no sabíamos donde estábamos. Buscábamos ayuda para nuestra amiga, pero de todas formas, ya era demasiado tarde; la habíamos perdido.
A lo lejos, muy a lo lejos, divisamos una casita de leña, muy humilde; pero por lo menos vimos que largaba humo por la chimenea. Estaba justo al final del camino, así que debíamos seguir caminando por donde veníamos. Todos se desesperaron, corrieron y corrieron, pero parecían nunca avanzar.
En ese momento me di cuenta que a pesar de todo, ellos seguían riendo y hablando como si nada hubiese pasado, mientras yo iba caminando sola, última en la fila, hundida en mi miserables pensamientos. ¿Cómo la pudimos perder así?.
Las horas pasaron y siguieron pasando, la noche cayó sobre nosotros y seguíamos sin avanzar, el camino parecía infinito. Los búhos, los grillos y el mecer de las hojas era lo único que se escuchaba; ya nadie hablaba. Por un minuto creí tener el don de leer las mentes, pero en realidad era simplemente percepción de la realidad; todos estaban por rendirse. Quería correr, huir de allí, ya no podía verles las caras, no podía permitir que se dieran por vencidos, aunque al ver el cuerpo inerte de nuestra amiga, yo también lo hice.
Caí en un pozo, profundo como tiempo. Corrí, corrí y corrí hasta desgastar la suela de mis zapatos, quería asegurarme que estaba lejos de ellos. Sabía que no iban a notar mi ausencia, como tampoco me iban a necesitar. Las lágrimas comenzaron a acariciar mis mejillas al mismo tiempo que me abría paso entre las plantas, las ramas y alguna que otra telaraña. De repente, tropecé, caí y me pegué duro contra el piso.
Estuve inconsciente un par de minutos, quizá segundos, y para cuando recobré la noción de tiempo y espacio me paré rápidamente, aunque un poco dolorida y me percaté de que había tropezado con una gran roca.
-¡Maldita seas! -maldije a la piedra y me di la media vuelta para seguir escapando, aunque no sabía a donde mi dirigía. Ya no tenía sentido correr, ya estaba lo suficientemente perdida como para seguir huyendo.
Sequé mis lágrimas y me senté sobre la roca, la cual era bastante grande, me sorprendió no haberla visto.
-¡Hey! Maldice todo lo que quieras, ¡pero no te sientes sobre mí! ¿Sabes lo que pesa un humano?
Esa voz, ronca y forzada, ¿de donde venía?, ¿quién me estaba hablando?. Giré la cabeza hacia todos lados, arriba, izquierda, derecha, arriba de nuevo, y nada. No había nadie.
-Estúpida humana, soy yo, y estás sentada sobre mí. Si no te importa, ¿podrías pararte?
Me paré casi por instinto, y quedé estupefacta ante lo que mis ojos veían. ¿Una roca? ¿Una roca me estaba hablando?, si, sin dudas iba a tener que visitar al psicólogo cuando volviera a casa. "Si es que algún día vuelves" susurró mi inconsciente, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Tal vez fueron aquellos hongos que comimos mientras íbamos caminando, tal vez eran hongos alucinógenos; sí, debía ser eso.
Acomodé un poco mi ropa y me di la vuelta para seguir corriendo, pero de nuevo la voz me interrumpió.
-¿A dónde crees que vas? -preguntó la roca- ¡Dios! Ya había olvidado lo idiotas que eran lo humanos -maldecía al cielo enfadado- ¿Que tiene de raro que una roca tenga vida?. Crees en vampiros, hadas, duendes, hombres lobo y ¿no puedes creer que una roca tenga vida?. Pensé que a ustedes, los humanos, les enseñaban que la naturaleza estaba viva.- ¿Era enserio todo aquello? Probablemente fuese un sueño, o estaba alucinando, pero parecía muy frustrada, tenía el ceño y la boca fruncidas. Decidí contestarle y seguir su juego. Porque debía de ser uno.
-Sí, pero que la naturaleza esté viva no quiere decir que esta pueda hablar.
-¿Hablar? ¿quién dijo que habla?
-Tú lo estás haciendo
-De hecho, nos estamos comunicando mentalmente -reí ante ese comentario, era irónico, yo hablando telepaticamente con una piedra; ahora entendía por que todos decían que estaba loca. Ni que la naturaleza fuese tan inteligente como para tener esos dones. Volvió a fruncir el ceño, la había molestado otra vez.
-¿De que te ríes? ¿No crees que podamos comunicarnos mentalmente?
-¿Porqué yo? ¿Porqué ahora?
-Eso no lo puedo contestar, pero al parecer nos teníamos que conocer.
-Esto es estúpido, me tengo que ir -volví a darme la vuelta para marcharme
-¿A dónde vas? -esa pregunta me paró en seco, no sabía, pero tampoco me importaba.
-No lo se -contesté penosa- pero tampoco me importa.
-¿Puedo acompañarte? -preguntó la roca y nuevamente reí, esto era absurdo
-Claro, sería un placer, si no fuera por el hecho de que no tienes piernas, no se como piensas transportarte. Porque yo no pienso cargar contigo.
-Sería lo mínimo que podrías hacer después de haberte sentado sobre mí- reprochó.
-Ni lo pienses
-Solo bromeaba, ¿crees que he estado aquí toda mi vida?
-Ehm, supongo que sí
-Pues no, así como puedo comunicarme contigo, también puedo transportarme por mi cuenta.
-Asombroso- fingí entusiasmo- Si me vas a seguir, nos vamos ahora.
Dicho esto me puse en marcha y para mi gran asombro, la roca caminaba a mi lado. Después de un rato de dar vueltas sin sentido decidí aceptar que no era un sueño, ni estaba alucinando. Decidí aceptar la existencia de una roca parlanchina, y muy molesta por cierto.
Caminamos durante horas, sin un camino fijo ni una dirección; mientras que al mismo tiempo hablábamos de la vida. La roca, o mejor dicho, él (sí, tenía nombre, e incluso sexo), me contó su historia de vida, no era muy emocionante, no se puede esperar mucho de una roca, pero al parecer teníamos más en común de lo que podía imaginar. Él había sido apartado de su grupo (sí, las rocas viven en grupo), mientras que yo, había decidido apartarme del mío. También me contó de sus problemas amorosos (sí, las rocas también tienen problemas amorosos), lo cierto es que al ser piedras, no son para nada sentimentales, pero sí tienen sentimientos; solo que son muy reservados. Le di algunos consejos, si es que podían funcionarle, no se que clase de consejos se le puede dar a una piedra, pero de todas formas, tal vez le servirían.
Luego fue mi turno de hablar, le conté mis problemas amorosos, aunque en este momento poco me importaba. También sobre el hecho de que me separé de mi grupo y que por eso estaba aquí, huyendo de ellos, y no olvidé comentar que habíamos sufrido la perdida de una amiga. Y sin poder imaginarlo, terminé sentada bajo un árbol, hablando con una roca, mí roca, contándole de mi vida, mis problemas, mis sentimientos, y el pozo que sentía dentro de mí.
Pasaron los meses y yo aún estaba perdida en el bosque, había conseguido comida, pero ya estaba aburrida de comer peces. Había encontrado una pequeña cascada, donde increíblemente caía agua pura. Allí bebía y conseguía algún que otro pececillo. Mi estado me hacía recordar a la película "Naufrago", y mi fiel compañero, la roca, no era nada más ni nada menos que Wilson. Lo cierto, es que la roca y yo nos habíamos hecho íntimos amigos, por muy ilógico que parezca.
Tuvimos alguna que otra discusión, debido a que le encanta llevarme la contra, y odiar todo lo que a mí me gusta, pero con el tiempo, aprendí a aceptarlo. Otra cosa que al principio me molestaba, demasiado, era que sentía que me criticaba en todo, incluso un día tuvimos una discusión por ello, donde me dijo que yo me creía el centro del universo, y a decir verdad, eso me dolió. Pero después de todo, creo que se lo agradezco, porque con sus golpes, con lo duro que era aveces conmigo, me ayudó a moldearme.
También le agradezco infinitamente porque él estuvo justo cuando yo estaba sola, me acompañó, y con sus charlas me ayudó a salir de aquel pozo oscuro y a llenar el agujero que estaba dentro de mí.
Es increíble que una roca pudiera hacer algo así, pero es cierto. Y me alegro de decir que estoy orgullosa, porque él a pesar de ser duro, me permitió ver su parte más sensible.
A pesar de que siempre nos estamos molestando, por que ya se nos hizo costumbre, él sabe que lo quiero.
Por eso hoy estoy escribiendo esto, quien sabe si alguien la leerá algún día, pero de todas formas, me gusta la idea de compartirlo con otras personas; aunque probablemente piensen que estoy loca. Si eso creen, les recomiendo algo, cuando se sientan hundidos en el vacío, piérdanse en un bosque; capaz tienen la misma suerte que tuve yo.
¿Mi vida?, mi grupo quedó atrás, quien sabe que será de su vida. Yo seguí mi camino, con un pequeño desvío de por medio, pero completamente necesario. Ahora me encuentro nuevamente por el carril correcto. Y obviamente, con mi fiel compañero, la roca.
¿Cómo termina mi historia?. Aún no termina. Aún sigo paseando por el infinito camino de la vida, ese en el que parece que nunca avanzo, a lo lejos veo la casita de leña, y sigue saliendo humo por la chimenea; pero no me apuro en llegar, preferí disfrutar el viaje.
Yo.