sábado, noviembre 24

Antifaz

No soy nadie, solo soy un disfraz. La mascara que todos ven, no es mi verdadero rostro. Lo complicado es saber diferenciarnos. Aveces hasta yo me confundo. No solo soy yo, son ellos que me miran a través de los agujeros, con ojos críticos, esperando el golpe para echarse a reír y luego tenderme una mano. Pobres ingenuos que aún no han notado lo fácil que es desatarse de las cadenas, lo simple que 
es quitarse el antifaz y quemarlo. Pobres de ellos, que piensan que no me doy cuenta, que solo son un disfraz. Pobres de ellos, que creen serlo todo, cuando solo son trapos viejos y un antifaz que cubre todas sus desgracias. Son una simple sonrisa falsa.
Bajo la cabeza, miro el suelo y camino en la dirección correcta, con pisadas firmes y confiadas. No me quitaré la mascara, pero seré consciente de lo que soy. Me diferenciaré del resto, solo por mis ojos y mi forma de mirar. Pero no se lo diré a nadie, será mi secreto, el de mi antifaz y yo, el de mis egos y yo. Con que solo yo lo sepa, es suficiente.

martes, noviembre 20

Ombú

El irresistible deseo, devorado por la incertidumbre
culmina abrazado a mi almohada
tomando la mano de todos mis sueños.
Se alejan juntos.

El capricho se vuelve casi utopía
encarcelado en el hueco de mi pecho.
Las barreras detienen las mariposas,
quieren resucitar ante la vacilación de mis luces.

Las preguntas florecen del anhelo,
las respuestas se siembran en la duda,
de ellas nace la desesperación,
cultivo de esos traidores labios, embusteros.

Las travesías son inacabables
y estoy cansada de correr.
Me sentaré a los pies de este viejo ombú
y recitaré una y mil veces el deseo de haber sido.

Si brota, déjalo fluir.
Si lo dejas fluir, que sea un deleite sonido
Si no, échale un velo
y déjame ser semilla postrada.

martes, noviembre 13

Duendes

La luz se cuela en mi ventana,
despliego mis pupilas y caigo en la cuenta del reloj
que monotonía vivir de la rutina,
siempre tan cargada de lumbres agonizantes.

Susurros recorren los pasillos,
hay intrusos en la casa.
¡Gigantes han invadido mi hogar!
creí haber dejado mi mente pegada a la almohada.

Corriendo hacia la sabiduría de ladrillos
me persiguen las sombras,
altas, enormes, malvadas
su color verde solo simbolizan desesperanza.

Junto a ellas no soy más que un simple insecto
me manipulan, se aprovechan de mi desventaja.
Por un momento deseé rozar las nubes
para comerlas de un bocado, para espantarlas.

Eran bichos que se revolcaban entre la misma basura.
Me encontraba rodeada, ¿se habían sembrado en el asfalto?
¡Oh, no!, era gente, llena de gusanos, podredumbre.
Pero ellos me asustaban más.

Deseé correr, deseé despertar
la oscuridad se apoderó del colegio
sufrí, me lastimaron, se alimentaron de mí.
Solo ella podía estar detrás de esto.

Se acercó hacia mí con la victoria en su rostro
¿tanto me odiaba?.
Sus ojos reflejaban lastima
pero su pequeño cuerpo eran el rojo vivo del fuego.

-Déjame despertar…
-Este no es un sueño, es la realidad,
los enanos de jardín no te quieren ver en paz
y yo, bruja, polvo de venganza eché sobre tus sábanas.

Las rosas marchitaron, perdieron su fragancia
las gotas de dolor cayeron sobre mi almohada…
…la luz se cuela en mi ventana,
despliego mis pupilas y caigo en la cuenta del reloj.

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lunes, noviembre 12

"Siempre te pertenecí" susurré a la noche

Llego a la fiesta de cumpleaños acompañada por mi novio y sus amigos, hoy su hermanito cumple cinco años. Saludo a todos, sonrío abiertamente ya que estoy de buen humor y me agrada el ambiente familiar, siento que va a ser un bonito festejo. Pasada la hora y media me siento en una mesa, escondida en un rincón para que nadie me vea, y me quito los tacones que me estaban matando. Suspiré, comí, hasta que una persona se acerca a la mesa y se sienta cómodamente en una silla frente a mí, levanto la vista y mis ojos no podían creer lo que estaban viendo, era él, ¿qué hacía aquí?.

-Hola, te agarré... debe ser difícil caminar todo el día con esto en tus pies- sonrió para luego terminar su frase en una risita tierna mientras tomaba uno de mis tacones en sus manos -¿como has estado? hace tanto que no te veo... no has cambiado nada-. Me costó unos minutos volver a la realidad, y cuando lo hice las únicas palabras que salieron de mi boca fueron "te extrañé" fijando mi vista en sus ojos celestes. Durante los siguientes cinco minutos no quité mi mirada de la suya, y él tampoco lo hizo, simplemente nos mirábamos... sin decir nada.
-Yo también te extrañé- dijo él suavemente para no romper ese maravilloso momento que habíamos creado -no sabes cuanto...- esas últimas palabras fueron un susurro que apenas pude oír, bajó levemente la cabeza y miró sus manos que estaban sobre la mesa, entendí perfectamente... había sufrido al igual que yo.
Lo miré con compasión y le dije: -aún recuerdo aquellos días como los mejores, nunca podré perdonarme por lo que hice- subió su mirada hasta encontrarse con la mía y entendió que yo también había sufrido nuestra despedida, pero no se animó a decir nada. -Y tampoco me he olvidado de tu sonrisa traviesa cada vez que quedábamos solos en la casa- al decir esto reí, ya me estaba incomodando el silencio, y él al recordar esos momentos se sonrojó. Seguimos hablando durante unos minutos, riendo al recordar situaciones que habíamos vivido juntos pero me tuve que ir ya que mi novio me vino a buscar para presentarme a unos familiares, ya estaba cansada de regalar sonrisa a cada uno de sus familiares.
-Veo que ya conociste a mi primo Ian, discúlpame pero me llevo mi novia- dijo cortante y pude ver el gesto de frustración en el rostro de él.

Después de un recorrido incómodo alrededor de toda la familia, nos sentamos afuera y a través de la ventana vi a Ian sentado en el mismo lugar donde lo había dejado. Me sonrió y comenzó a hacerme señas extrañas que yo no logré interpretar, se paró y salió hasta donde me encontraba y me entregó mis tacos, ¡¿oh dios como no me di cuenta que no los llevaba puestos?!, me sonrojé y luego reí, el sonrió ampliamente y volvió a entrar al mismo lugar donde estaba antes.

Al otro día decidí ir a dar una vuelta por el camping, allí siempre me encuentro con alguno de mis amigos, y así fue, estaban mis dos mejores amigos jugando a un juego donde según la casilla donde caigas tienes una prenda o mejor dicho, algo que tienes que hacer. Me puse a jugar con ellos y caí en la casilla que decía "15 minutos a solas con tu amado". En ese mismo momento apareció Ian, sonreí abiertamente, me paré con energía, lo tomé de la mano y corrimos por la pradera como dos niños chicos. Nos tiramos al suelo y rodamos por el pasto, el olor de las flores y el fresco aroma del césped se impregnó en nuestra ropa, así como su perfume en mi piel. Siempre había usado el mismo, dulce pero nunca empalagoso. Lo recordaba tan bien, cada roce, cada caricia, los besos, la suavidad de su tacto, que hermosos tiempos, ¿donde habían quedado?, ¿porqué lo había perdido?.
Volviendo a la realidad tomé consciencia de lo que estaba haciendo, estaba revolcándome en el pasto con el primo de mi novio, ¿acaso eso no está mal visto?, no debería estar aquí.

-¿Porqué tomaste mi mano y salimos corriendo?- preguntó Ian riendo, estaba recostado a mi lado mirando el cielo. Se volteó de costado para mirarme y yo deseaba que me tragara la tierra, ¿que iba a contestar?.
-La verdad. Estaba jugando con los chicos, y mi prenda era "15 minutos a solas con tu amado", fue un impulso del corazón
-¿Impulso del corazón o confusión de la mente? No se si te has dado cuenta pero no soy mi primo...- dijo parándose y quitándose el pasto de la ropa, planeaba irse.
-Lo se, eres Ian. Siempre vas a ser tú.

En el momento que escuchó eso todo se detuvo, parado quedó estático pero con sus ojos fijos en mi, ni él ni yo podíamos creer lo que había acabado de decir. Los latidos se detuvieron al igual que nuestra respiración, él aún estaba en shock, claramente estaba luchando con su interior. Una parte de él quería lanzarse sobre mi, había escuchado perfectamente lo que yo dije, y sabía a que me refería, sabía lo que sentía, pero a la vez sabía que no era lo correcto, debía controlarse; pero ni siquiera se le ocurría una palabra, nada que pudiera hacer o decir.
No lo pensó dos veces, se dejó llevar por el impulsó y me besó. Acopló su cuerpo perfectamente al mio, yo que aún estaba en el suelo sentí la presión de su cuerpo sobre mi, sus manos rodeaban mi cintura mientras que las mías jugaban con su cabello. Ya había olvidado lo deliciosos que eran sus labios, como los había extrañado. No había apuro, el tiempo había dejado de correr. Sus labios eran tan suaves, y los míos tan frágiles, juntos creaban una dulce sinfonía, eran el uno para el otro. "Siempre te pertenecí" susurré entre sus labios.
Lentamente se nos acababa la respiración pero no había forma de que nos soltáramos, él me presionó a su cuerpo aún más y yo crucé mis piernas alrededor de su cintura, nuestros labios estaban ahora ardiendo. Sin soltarnos ni un segundo se paró y conmigo a upa se caminó hacia el árbol más cercano que estaba a unos pocos pasos, apoyó mi espalda sobre el árbol y yo bajé mis piernas para quedar parada frente a él. Separamos nuestros cuerpos por unos segundos, nos miramos dulcemente a los ojos, nuevamente se acercó a mi y me susurró al oído: "¿sabes que esto que estamos haciendo está muy mal?" río y pude sentir su respiración en mi cuello. Yo reí y le dije "creo que me iré al infierno después de esto". Sus labios depositaban pequeños besos en mi cuello, subían y bajaban a través de este, jugando con tanta libertad como si ya conocieran el trayecto perfectamente, y así era, cuantas veces nos habremos encontrado en esta misma situación. "Nos iremos juntos" susurró antes de nuevamente acoplar sus labios con los míos, jugaban con delicadeza y pasión, eramos uno, siempre lo fuimos. La temperatura seguía elevándose a medida que caía el sol en el horizonte, nuestros cuerpos se extrañaban, realmente necesitaban volver a encontrarse. Ya habían pasado más de quince minutos pero nadie nos fue a buscar, estábamos perdidos en el medio de la nada mientras que el reloj parecía estático para nosotros.

Solo la noche fue testigo y cómplice de nuestros pecados que murieron bajo las estrellas y se ahogaron en el mudo grito del mar.

sábado, noviembre 10

Poema creado con mi querido colega: http://escribiendo-el-sol.blogspot.com/

¿Sabías tú cuanto he soñado con polvo de diamantes?
¡ah si! ¡ no dejo de pensar en el!
y en ella, que se deslizó entre mis dedos
cuando la noche se moría por ser de primavera
bajo la nube de luciérnagas.

¡cómo no extrañar y querer soñar
si la vida era sol y el sol era amor!
oh, anhelo, dulce espina en el pasado
que siga tu dolor en mis días
si ese es el precio para que el reloj se duerma.
Abro los ojos y miro hacia el futuro, nada fue en vano
pero llegó la despedida y almanaque chilla en su melancolía
todo llega a su fin,
solo quedan reencuentros con el vacío inquieto de la incertidumbre
y así y aquí, digo adiós a un mundo que aprendió a caminar mirando donde pisar.

Allí se va la luna...
quedo en penumbra, se desprende mi alma para seguirla
y allí nos vamos la luna y yo,
el pasado y el futuro pre-hecho,
la vida y una etapa que se cerró.

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miércoles, noviembre 7

Amor mágico

Me encontraba caminando por las angostas calles de piedra, el aire suave acariciaba dulcemente mi piel y mi pelo se movía con delicadeza, la gente de Venecia era tan cálida y alegre que ya podía sentir que estaba en mi hogar. Todo hacía que me adaptara rápidamente, estaba feliz de haber decidido comenzar una nueva vida y este era el lugar perfecto.

Los niños que corrían inocentemente, las madres que corrían detrás de ellos, la gente comprando y yo simplemente observando todas las variadas cosas que vendían en aquella feria. Un chico llamó mi atención notablemente, estaba parado en una esquina vestido con un saco largo violeta y una galera del mismo color que tenían brillo propio. Todos los niños lo rodeaban mirándolo fascinados, así que me acerqué y me sentí otra niña, la energía que él transmitía hacía que volvieran a mi todos los recuerdos de pequeña, cuando creía en la fantasía y todo era mágico. El chico lleno de vida me miró fijamente, levantó su galera dejando su cabeza al descubierto y de allí sacó una hermosa flor. Se inclinó hacía mi y con ella rozó mi mejilla secando la fría lágrima que cayó de mis ojos, el simple contacto de esa flor con mi piel hizo que me estremeciera y allí fue donde surgió la magia: aquella flor se convirtió en una mariposa llena de colores que dio una vuelta alrededor de mi cabeza y terminó posándose sobre un dedo de aquel misterioso chico. 

Aquella escena me dejó atónita, me resultaba muy difícil comprender lo que pasaba, pero todas mis confusiones desaparecieron al escuchar su dulce voz: -Los espero hoy, al atardecer, en aquella carpa que pueden ver a lo lejos –señalándola –para ver el mejor espectáculo de magia. No falten, verán que no se arrepentirán y no se preocupen, es totalmente gratis, la felicidad no se compra.-

Se inclinó hacía mi, metió la mariposa en su bolsillo y de allí sacó nuevamente aquella hermosa flor “espero verte allí” dijo entregándome la flor.

-Allí estaré- me regaló una cálida sonrisa y se alejó para seguir llamando la atención de mas gente. Seguí recorriendo la feria, perdida en mis pensamientos.

Luego de mucho caminar volví a casa, tomé una ducha, me senté frente al espejo, me peiné y quedé pensativa mirando mi rostro reflejado en el agua donde había colocado la flor. Después de unos minutos miré el reloj y corrí a la ventana, ya estaba atardeciendo así que tomé mis cosas y fui a la carpa. Estaba nerviosa y a la vez entusiasmada, sentía que estaba yendo hacia el pasado, donde iba a poder recordar lo que era soñar y creer en la magia.

La fila para entrar era muy larga y mi ansiedad era cada vez más grande, cuando llegó mi turno de entrar sentí que mi corazón se había saltado un par de latidos. Dentro de la carpa estaba todo oscuro así que tomé asiento en el primer asiento que encontré disponible, el espectáculo estaba comenzando.
No existen palabras para explicar lo que vi ni lo que sentí, fue el mejor espectáculo que presencié, eso era magia pura.

Cuando el espectáculo terminó me quedé sentada con la mirada perdida, toda la gente se fue y yo aún seguía ahí, esperando quién sabe que, mirando el infinito vacío frente a mí. Poco a poco se fueron apagando las luces, quedando una sola prendida, una luz que me alumbraba a mí, pero no le di importancia.

-Sabía que te iba a ver aquí- dijo una voz detrás de mí y preguntó -¿te gustó?- 
-Si, es… como decirlo… in… in…creí…increíble –contesté tartamudeando sin darme vuelta, no necesitaba verlo para identificar de quien se trataba.
-Me alegro que te haya gustado, eso es lo que buscamos- decía mientras se sentaba a mi lado -¿en que piensas?- preguntó mirándome con compasión.
-Es que lo que ustedes hacen me recuerda que no todo es malo, detrás de todo un mundo lleno de maldad existe la magia que hace que todo se vuelva fantástico, a veces necesito ver esta otra realidad, y sobre todo en estos momentos de mi vida- sinceré a aquel chico que ni siquiera conocía.
-La vida es mágica en todo su entorno, mira a tu alrededor y dime si no es mágica la naturaleza –dijo esto y se paró –ven conmigo…- estiró su mano, la tomé y me dirigió al centro, donde ocurría todo el espectáculo –siéntate aquí- ofreció anudando una gran tela que colgaba del techo, había hecho una especie de hamaca con ella, me senté allí y me empezó a columpiar lentamente. –Al parecer has tenido una vida difícil… lo que debes hacer es desahogarte mientras te columpias y cuando estés allí bien arriba- señalando una gran altura –vas a saltar, te vas a soltar y dejaras tus problemas meciéndose en el viento, al caer te sentirás libre de todo eso que te aprisiona- explicó columpiándome más fuerte.
-Pero… cuando salte me voy a caer, me voy a lastimar- dije aterrorizada.
-Tú confía en mí- sonrió –ahora empieza a desahogarte-.

Empecé a contarle toda mi vida a un desconocido, mientras me hamacaba. Sentía como lentamente me iba liberando, tenía los ojos cerrados y cada vez que me elevaba sentía un cosquilleo en el estómago, cuando descendía sentía que flotaba y así sucesivamente. Cuando ya no tenía más nada que contar ni más lágrimas que derramar me quedé en silencio y para cuando volví a sentir el cosquilleo en el estómago escuché “SALTA” y sin pensarlo dos veces salté, tenía miedo de abrir los ojos pero tuve que hacerlo, es que no sentía que estuviese cayendo. 

Abrí los ojos y pude ver como la hamaca se convertía en un montón de hojas de árboles de esas que estamos acostumbrados a ver en otoño, estas hojas volaban por todo el lugar, dejándose llevar por el viento sin dirección, desprendiendo de mí todo lo malo y llevándoselo lejos. En cambio yo, no estaba precipitándome contra el suelo, estaba flotando en la nada, al igual que las hojas. “¿Que, que ocurre?“ Pregunté.
-Te desprendiste de todo lo que te impedía volar- contestó.

Todo en ese chico era tan mágico y misterioso, tan extraño e increíble que creía estar soñando. De un momento para el otro me encontraba en sus brazos, nos miramos fijamente a los ojos, esos ojos tan misteriosos y profundos que contaban tanto y a la vez nada, ese chico me encantaba, me envolvía en sus misterios y su fantasía, me hacía soñar y me enseñó a volar. Nos miramos por unos largos minutos que parecían durar una eternidad, esos minutos donde mirándonos nos pudimos conocer y no fueron necesarias las palabras para saber quien era él.

-Eres hermoso- dije contemplando su perfecto rostro
-No digas nada- no lo pensó dos veces, se inclinó hacía mí y me beso.

Un beso mágico sin dudas, un beso lleno de amor, no me preocupaba no saber su nombre, no me preocupaba no saber quien era, yo ya sentía que lo conocía de toda la vida. Nos separamos lentamente, me dijo al oído: “despierta dulce princesa” y por última vez contemplé su perfecto rostro con su deliciosa sonrisa dibujada con calidez. 

Tal como él lo dijo, desperté, estaba acostada en mi cama con la ventana abierta, y aún sentía que mis labios se quemaban ante el roce de los labios de aquel misterioso chico. Miré hacia donde se encontraba el espejo y me sorprendí al ver que la flor aún estaba allí, será una coincidencia, pensé al darme cuenta que todo había sido un hermoso sueño. Me distraje un segundo y cuando volví a ver la flor se convirtió en mariposa y se fue volando por la ventana, me levanté rápido y vi como se alejaba en el horizonte, se alejaba de mí pero se acercaba al sol.

-Gracias- dije –Gracias por recordarme como soñar y enseñarme a volar- suspiré –estaré aquí para cuando quieras regresar- sonreí y seguí observando en paz como la mariposa volaba en libre, casi tocando el sol, al igual que mis pensamientos que se dejaban llevar por aquella leve brisa de otoño.

SD LOL.

sábado, noviembre 3

Enemigo

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Tú, la sombra escondida detrás del árbol
tú, sonrisa acechando mis pasos.
Fluyen las críticas
hierven nuestras venas
al compás del latido.
Los cuervos violetas
que nacen desde tus entrañas
despliegan sus alas,
punzantes garras que hacen añicos mis tejidos.
Caen mis gotas de sangre
en el arroyo putrefacto que fluye en tus labios.

Oidos sordos, que se marchitan.