Plumiferos con alas de sangre,
vidrios deshilachados,
el crujir de los huesos que se arrastran
en busca de un cajón.
Retumba el chillido de fuego
caen estacas de vidrio
y comienza la batalla.
Allí donde la muerte lucha con sí misma.
Gallinas que corren
cerdos que largan un olor estupefacto
y las cucarachas que antes dominaban
hoy se retuercen de dolor.
El cielo llora color escarlata
los pájaros caen como misiles directo al corazón,
solo llevan un mensaje,
el sonido del más allá.
domingo, diciembre 22
Corazón de ceniza
Es fuego que quema el alma, y con cada beso nace el fénix que despliega sus alas dentro de mí. En un místico vuelo hace libre mi palpitar, se eleva y danza sobre nosotros. Nos rocía de un polvo brillante, y con su cola de fuego acaricia mis mejillas para luego posarse en su pecho. Quema, pero no duele ni me consume.
Cuando el tiempo y el espacio suenan, abro los ojos, para ese entonces el fénix vuelve a reposar en las cenizas de mi pecho. Cenizas que me dan vida, que impulsa mi sangre y se asemejan a las estrellas. Miro sus ojos de fuego, sonrío, tomo su mano y seguimos caminando.
Soy un alma de fuego, vivo de las llamas que en mí enciendes. Te amo por ser mi suspiro de vida y por dejarme arder juntos.
martes, agosto 6
Fénix
Es un choque electromagnético de plumas
Aman.
que se queman ante el roce;
ambas almas danzan en el aire
improvisando un ritual al sol.
Cubren de cielo al césped,
pintan con cerezas al corazón,
encienden una llama en su interior
y de estas cenizas resucita la mariposa,
se reproduce y los rodea, los eleva.
Tocan las nubes, saborean las estrellas.
Encadenados están
por un hilo rojo
invisible.
Invisible es el aroma
que impregna sus siluetas.
Invisible es el rastro,
son las huellas que la luna persigue.
Ella los persigue, los espía
se alimenta de su magia
y bebe de ellos el amor.
Son estrellas que se acoplan para brillar más,
para ellos, es mucho;
para los demás, no es nada.
Son absurdos meteoritos, nada elegante.
¿Acaso nadie lo ve?
se necesitan,
así como una rosa necesita de sus pétalos.
Lo más hermoso, lo más esencial
es invisible a los ojos.
Ellos no lo ven, pero saben que está allí
no necesitan ver para creer
que eso que allí tienen
eso que brota entre ambos,
es amor.
Son plumas inexpertas,
complementan al fénix.
Arden.
Aman.
jueves, junio 6
Una excusa para no vivir...
¿La felicidad? eso es solo una excusa para no disfrutar la vida día tras día, minuto tras minuto, segundo tras segundo. Es una simple excusa para no fijarse en los pequeños detalles que hacen los momentos perfectos. Es la triste manera de dar un porque, una explicación, a nuestro apuro rutinario. Todos corremos, hacemos tantas cosas como nuestro cuerpo resista en tiempos limites, ¿para que?. Todos nos apuramos para llegar, ¿para llegar a donde?.
La meta de todo humano es ser feliz, por eso corremos, y dejamos pasar la vida bajo nuestros pies, que caminan perdidos dejando huellas que se borrarán con el tiempo.
¿Y si al final la felicidad es solo una palabra?
martes, junio 4
"Intramuros"
Las nubes grises formaban parte del paisaje
cotidiano en aquella cárcel y el sol nunca había pasado por Treblinka, era como
si los esquivara porque le daba miedo iluminarlos, y siendo sinceros ¿a quien
no le daría miedo pasarse por allí?.
La luna era la única que les hacía compañía,
pero a nadie le causaba admiración ya que estaban acostumbrados a tenerla en el
cielo todo el día. Aunque no se pudiese distinguir el día de la noche, los
profesores les habían enseñado que con el reloj podían saber cuando era de día
y cuando era la hora de dormir. Los horarios eran muy estrictos, tenían un
horario para todo y quien no lo cumplía recibía un castigo.
El tiempo… el tiempo era lo único libre en Treblinka,
aunque de todas formas actuaba rutinariamente, corriendo de minuto a minuto sin
darles un respiro, arrebatándoles la vida con cada paso. Allí todos eran como
los relojes, rutinarios y aburridos.
Charlotte estaba cansada de todo. Había algo
en ella que la distinguía del resto, y era que Charlotte no había nacido dentro
de aquellas terroríficas y fuertes paredes como todos los demás, ella había
nacido detrás de esas puertas de bronce por lo tanto conocía el mundo real;
conocía el sol y la libertad.
Desde que sus padres la abandonaron allí había
sido el punto de burla de todos sus compañeros, por ser, actuar y pensar
diferente a ellos, pero Charlotte siempre tuvo la suficiente fuerza como para
soportarlo todo aunque a veces tenía muchas ganas de huir.
Charlotte tenía una gran intriga por la vida,
era la única que se hacía preguntas filosóficas, la única que admiraba a la
luna y extrañaba el calor del sol; era la única viva allí adentro. A pesar de
que los profesores y demás adultos de la institución se esforzaban por robarles
el alma y apagarles la consciencia, ella era un caso especial, era la única a
la que no habían podido apagar.
Al contrario, Charlotte estaba más viva que
nunca y soñaba con que algún día iba a escapar de ese lugar. Solía pasar las
tardes en la biblioteca, un lugar extraño y abandonado al que nadie concurría,
y así alimentaba su alma y aprendía todos los días cosas nuevas.
Pero Charlotte estaba cansada de todos, ya
había llegado al punto de que no le gustaba ser el centro de la burlas, le
repugnaba ver como sus compañeros se sacaban los ojos para tratar de demostrar
quien era mejor, y le dolía. Le dolía ver que ella era la única diferente y que
estaba sola en una cárcel, o colegio como les hacían llamarlo, rodeada de seres
aburridos y mecánicos. Todos se alimentaban de la envidia, la arrogancia, de
absolutamente todo lo negativo, y ella era quien recibía todos los insultos
denigrantes.
Un día, leyendo un libro en la biblioteca observó
que en una de las hojas había dibujado un espejo con una niña mirándose en él,
y debajo decía “El espejo nos permite ver nuestros propios ojos y a través de
ellos podemos ver nuestra alma, ya que estos son la ventana del alma”. A
Charlotte le llamó mucho la atención esa frase y se quedó largo rato
reflexionando hasta que se dio cuenta de algo muy sospechoso, en Treblinka, su
colegio, su cárcel, no había espejos.
A nadie le importaba la idea de que no existieran
los espejos ya que todos nacieron allí y probablemente nunca habían visto uno.
Charlotte sí había visto espejos, pero uno dentro de Treblinka se olvidaba de
las costumbres más humanas como mirarse al espejo para peinarse y esas cosas
superficiales, que aparte, a ella no le interesaban en absoluto.
Arrancó la hoja, guardó el libro en su
respectivo lugar y luego salió corriendo para que nadie la viera, estaba
llegando tarde a almorzar y no quería recibir un castigo. Más tarde seguiría
reflexionando sobre el asunto.
Durante la tarde los mantuvieron ocupados
trabajando, y recién cuando estuvo acostada en su cama pudo seguir dándole
vueltas al asunto. ¿Porqué no habría espejos en aquel lugar?. Es decir, para
ella ya de por sí era un lugar extraño donde los tenían a todos encerrados y
les lavaban el cerebro, no era tan extraño que no hubiera espejos, pero sin
embargo para ella sí lo era. Y más ahora que esa frase rondaba por su cabeza.
Se levantó de la cama y caminando en puntitas
de pie se escapó sin que nadie lo notara, ya tenía experiencia, las primeras
veces la habían atrapado y la habían castigado, pero luego fue adquiriendo
habilidad y por lo tanto lo hacía todas las noches para ir a leer a la
biblioteca. Una vez fuera de la habitación miró a su alrededor para asegurarse
de que todos estuvieran durmiendo, luego comenzó a investigar.
Primero fue a los baños donde se supone que
debería de haber espejos, pero no había rastros ni siquiera de que alguna vez
hubiera habido uno y que luego lo hubieran sacado.
“Que extraño” pensaba Charlotte.
Siguió caminando por los helados pasillos de
Treblinka hasta colarse por lugares que nunca había visto antes, seguramente
estaría prohibido pasar por allí.
De repente vio una puerta que llamó su
atención, simplemente por ser diferente a las otras. Esta puerta estaba hecha
de una madera reluciente y tenía talladas figuras hermosas, sin dudas era
distinta a las demás puertas grises y lisas.
Asombrada se acercó y giró el pestillo, pero
como era de esperarse la puerta estaba cerrada con llave, forcejeo un par de
veces pero no pudo abrirla. Desanimada se dio media vuelta y siguió recorriendo
pasillos, pero todos los caminos que tomaba llevaban a la misma puerta, y cada
vez que se topaba con ésta intentaba abrirla, pero era en vano.
Cuando ya estuvo cansada volvió a su
habitación y se quedó dormida.
Al día siguiente, fue hasta aquella puerta
para intentar nuevamente abrirla, y lo siguió haciendo durante varios días pero
nunca tuvo suerte.
Una noche, después de tantas en las que
intentó abrirla con pedazos de alambre, con un tenedor que había robado de la
cocina, con el gancho de una percha y hasta con una pinza de pelo, decidió
intentarlo con una tijera que esa mañana había robado del taller de
manualidades.
Se dirigió hasta la puerta, metió la punta de
la tijera en el ojo de la cerradura y forcejeo hasta que para su sorpresa la
tranca cedió. Giró el pestillo con cuidado y lentamente fue abriendo la puerta,
la habitación estaba completamente a oscuras así que buscó tanteando las
paredes el interruptor de la luz. Cuando por fin lo halló, encendió la luz y
quedó estupefacta al descubrir que la habitación ¡estaba llena de espejos!.
Ahora todo empezaba a tener sentido, en Treblinka no había espejos porque
estaban todos escondidos allí. Los había de todos los tipos de tamaño, forma,
color y marco, y a juzgar por el polvo que los cubría alguien los había
escondido en ese lugar hace mucho tiempo ¿pero quién y porqué?. Muchas
preguntas sin respuesta comenzaron a girar en su mente.
Tomó uno de los espejos que estaba tirando en
el piso, le gustó por ser pequeño pero con un marco precioso aunque bastante
añejado, y se miró en él. Algunas lágrimas rodaron por sus mejillas ¡era
increíble como había pasado el tiempo!. Su rostro, su cabello, ya nada era
igual a como se recordaba. Después de contemplarse un largo rato, recordó lo
que había leído en aquel libro así que prestó especial atención a sus ojos,
¿cómo sería su alma?.
Sus ojos miel irradiaban vida y paz, pero en
el fondo tenían un suspiro de tristeza y cansancio. Charlotte abrumada se largó
a llorar hasta que quedó dormida allí.
A la mañana cuando despertó se paró por
impulso, limpió el polvo de los espejos, tomó el pequeño en el que se había
reflejado por la noche y salió corriendo. Sabía que se había ganado un castigo
porque no había ido a almorzar, pero no le importó demasiado, tenía que
compartir con los demás aquel descubrimiento. En ese horario todos debían de
estar en el patio, así que se dirigió a este y se paró en el medio.
Todos los que estaban allí rodeándola se
quedaron mirándola fijamente, juzgándola con la mirada, como siempre lo hacían.
-Síganme, les quiero mostrar algo que acabo
de descubrir, les aseguro que les va a interesar- ordenó Charlotte y algunos
pocos fueron detrás de ella, pensando en que les daría una razón más para
reírse de ella.
Charlotte los dirigió a la habitación de los
espejos y todos quedaron boquiabiertos.
-¿Que son estos?- preguntó uno de sus
compañeros completamente sorprendido
-Son espejos, sirven para mirarse a uno
mismo, ¿nunca quisieron saber como los ven los demás? –todos asintieron con la
cabeza- bueno, esta es la forma, mírense en el espejo
-¿Cómo se hace?- preguntó otro del montón
Charlotte se acercó a uno de los grandes
espejos y se puso de frente, “así, prueben” explicó. Acto seguido todos
hicieron lo mismo, pero algo muy extraño ocurrió.
-¿Cómo lo haces Charlotte?- preguntaban
Era extraño, nadie se reflejaba en los
espejos, pero ¿qué explicación podía tener?, ¿cómo era posible que alguien no
se reflejara en un espejo?, tal vez estaban fallados. Pasó por delante de cada
uno para asegurarse de que funcionaban, ¡todos la reflejaban! pero a los demás
no. ¿Cómo podía eso ser posible? ¡Sus compañeros no se reflejaban en los
espejos!. Charlotte empezó a reflexionar sobre el tema, su cabeza daba mil
vueltas pero no encontraba respuesta.
“El espejo nos permite ver nuestros propios
ojos y a través de ellos podemos ver nuestra alma, ya que estos son la ventana
del alma”. Recordó aquella significativa frase y creyó comprender lo que
ocurría allí, sus compañeros no tenían alma. ¡Pero de todas formas deberían
poder verse al espejo!.
El aire se tornó pesado, Charlotte se
encontraba mareada y perdida, no podía comprender aquello, no entraba en su
cabeza que le daba vueltas.
De repente todos se dispersaron y salieron
corriendo, pero ella seguía allí, sentada en el piso tratando de encontrar una
explicación. Sintió pasos que se acercaban a ella, pasos fuertes que hicieron
que su cuerpo se estremeciera, probablemente estaba en graves problemas.
Levantó levemente la cabeza y se encontró con la directora parada a unos pocos
centímetros justo en frente de ella, tragó saliva y antes de que pudiese dar
una explicación o una escusa para no ser castigada, la directora se agachó
hasta quedar a su altura y mirándola fijamente a los ojos, con voz aterradora
le dijo: “Bienvenida a Treblinka, la fábrica de fantasmas”.
jueves, abril 25
Hamaca lunar
Algo en mi interior se removió. Me paré enérgica, saqué una escalera de mi bolsillo, la apoyé contra el tronco de un árbol y comencé a subir.
Subí, subí hasta tocar las estrellas, saqué de mi mochila una hamaca y la colgué de la luna.
Me senté y me hamaqué eternamente.
Me senté y me hamaqué eternamente.
Caí
Como presa,
caí,
al rojo vivo
en tus garras.
Anoche
sólo fue un suspiro
en tus vacilantes labios.
Caí,
caí,
y me perdí
bajo la luna.
caí,
al rojo vivo
en tus garras.
Anoche
sólo fue un suspiro
en tus vacilantes labios.
Caí,
caí,
y me perdí
bajo la luna.
domingo, abril 14
sábado, abril 13
Desconectada
Grises,
ahuecados,
vacíos y rancios.
Ruidosos,
mecánicos,
irracionales y esculpidos
bajo un mismo molde.
Mi instinto asesino me llama
corro tras la presa,
despliego mis colmillos
y me doy la vuelta.
"Lastima, sientes lastima,
ellos no saben lo que hacen".
ahuecados,
vacíos y rancios.
Ruidosos,
mecánicos,
irracionales y esculpidos
bajo un mismo molde.
Mi instinto asesino me llama
corro tras la presa,
despliego mis colmillos
y me doy la vuelta.
"Lastima, sientes lastima,
ellos no saben lo que hacen".
Hormiguero
Ya no quedan ángeles con alas,
ni mariposas multicolores danzando a las estrellas.
Encerrada, entre cuerpos vacíos
ruego por la salvación
de todos los títeres y marionetas,
pobres individuos carentes de certezas.
Chillo y ardo bajo el hervor de mis venas
pero en el fondo, lloro,
¿Dónde está la sensibilidad?
¿y la pureza?.
Caminando hacia un futuro insulso
me aferro a mis raíces
intento encender la llama
aquí, hoy, sentada.
Rodeada de ovejas carceleras que me arrastran,
y no me dejan ser.
ni mariposas multicolores danzando a las estrellas.
Encerrada, entre cuerpos vacíos
ruego por la salvación
de todos los títeres y marionetas,
pobres individuos carentes de certezas.
Chillo y ardo bajo el hervor de mis venas
pero en el fondo, lloro,
¿Dónde está la sensibilidad?
¿y la pureza?.
Caminando hacia un futuro insulso
me aferro a mis raíces
intento encender la llama
aquí, hoy, sentada.
Rodeada de ovejas carceleras que me arrastran,
y no me dejan ser.
jueves, abril 11
Oye a tu masa... - César Vallejo
Oye a tu masa, a tu cometa, escúchalos; no gimas...
de memoria, gravísimo cetáceo;
oye a la túnica en que estás dormido,
oye a tu desnudez, dueña del sueño.
Relátate agarrándote
de la cola del fuego y a los cuernos
en que acaba la crin su atroz carrera;
rómpete, pero en círculos;
fórmate, pero en columnas combas;
descríbete atmosférico, ser de humo,
a paso redoblado de esqueleto.
¿La muerte? ¡Opónle todo su vestido!
¿La vida? ¡Opónle parte de tu muerte!
Bestia dichosa, piensa;
dios desgraciado, quítate la frente.
Luego, hablaremos.
de memoria, gravísimo cetáceo;
oye a la túnica en que estás dormido,
oye a tu desnudez, dueña del sueño.
Relátate agarrándote
de la cola del fuego y a los cuernos
en que acaba la crin su atroz carrera;
rómpete, pero en círculos;
fórmate, pero en columnas combas;
descríbete atmosférico, ser de humo,
a paso redoblado de esqueleto.
¿La muerte? ¡Opónle todo su vestido!
¿La vida? ¡Opónle parte de tu muerte!
Bestia dichosa, piensa;
dios desgraciado, quítate la frente.
Luego, hablaremos.
Let it burn
Todos tenemos una llama dentro de nosotros, ¿nunca la has sentido arder? eso es porque está apagada, nuestra misión es justamente tratar de encenderla. La forma más simple sería tragando un fósforo que incendie todo nuestro ser, pero lo cierto es que esa no es la solución.
Encender esa llama lleva años, muchos años de sacrificio y trabajo interior. Temo que yo aún lucho contra mis antifaces para lograr llegar al fondo, para por fin hacer ese viaje que me transporte hasta el centro de mi ser.
Mis disfraces son muchos, y algunos muy difíciles de vencer, pero tarde o temprano voy a matarlos y por fin voy a dejar la llama arder. Va a arder dentro de mí con tanta fuerza que todo mi cuerpo se desintegrará y por fin seré libre, por fin dejaré de ser prisionera de este mundo de máscaras.
viernes, abril 5
¿Soy?
Y voy, pero no soy
y siento, pero no veo
y soy, pero no soy.
Y creo, pero no soy,
y voy, pero no siento,
y soy, pero no soy.
Y brillo, pero no creo,
y crezco, pero envejezco,
y voy, pero no voy,
y soy, pero no soy.
Y soy, pero no voy.
y siento, pero no veo
y soy, pero no soy.
Y creo, pero no soy,
y voy, pero no siento,
y soy, pero no soy.
Y brillo, pero no creo,
y crezco, pero envejezco,
y voy, pero no voy,
y soy, pero no soy.
Y soy, pero no voy.
Inspirado en frase de Lawrence Ferlinghetti
Esa mañana el color del sol brillaba diferente, mis ojos bostezaban a la par de los pájaros multicolores; se perdían bajo la llama del sol y yo me escabullía debajo de mi despeinado cabello. Me acerqué al espejo y grité, no era muy normal ni muy bonita, pero nunca me había llevado tal susto al ver mi rostro reflejado en el espejo. ¡Tenía letras en la cara!. Todas desparramadas, como una sopa de letras.
Di vueltas a mi alrededor sin saber que hacer, me lavé la cara un par de veces y al notar que las letras no se borraban, salí corriendo.
Corrí calle abajo, la gente me miraba extrañada. Nunca sentí tantas miradas sobre mí, era vergonzoso pero mi desesperación era mayor. No se por que corría pero mi instinto me lo pedía.
Un hombre se cruzó en mi camino, nos pechamos y caímos al suelo; las letras se desparramaron sobre la acera formando un hermoso poema.
El hombre me miró y señalando el suelo me dijo "Esa eres tú".
viernes, marzo 22
Albor
Párpados
secos
caen sobre el asfalto,
mojado,
por la
lluvia ácida de espinas marchitas.
El
aliento pesado me tira contra el suelo,
caigo,
me
quiebro
y en
miles de fragmentos azules
vuelvo
a nacer.
Resurjo
de la tierra,
semilla
de colores que brota en las entrañas.
Crezco,
despliego
mis alas
y
vuelo.
jueves, marzo 21
Fuego
Hijo de
Afrodita y Lujuria,
poseedor
de la belleza y la fuerza,
una
excelencia en equilibrio,
un
héroe sin duda.
Dueño
de mis pecados,
del calor
de mis venas;
cómplice
de mis labios encadenados,
prisionero
de esta guerrera.
Estrepitoso
corazón de seda
que busca
insaciable el júbilo
entre el
fuego perlado y los harapos.
Ata mis
brazos a la luna
bebe de
mí, seduce mis latidos
arde
conmigo hasta consumirnos al amanecer.
domingo, marzo 3
Carta a una roca
Paseaba rodeada de gente, y aún así estaba sola. Veíamos la luz de una casita al final del camino, si ellos pensaban entrar para pedir ayuda, lo iban a hacer sin mí. Hacía bastante tiempo que me sentía ajena al grupo, ya no eramos lo mismo y nunca volveríamos a serlo. No después de este viaje.
Este viaje había acabado con la vida de una amiga, la más indefensa por cierto. La idea era perfecta, todos íbamos a disfrutar de las mejores vacaciones, y esa era mi última esperanza para volver a sentir que el grupo aún no se había perdido, que aún estaba allí. Sin embargo, creo que nunca existió realmente.
Lo que ocurrió fue que de repente la tierra se tragó a una de nuestras amigas, la más débil, como ya dije, y ellos no hicieron nada por ayudarla; es más, si me lo preguntan podría echarle la culpa a alguien, pero no voy a entrar en esos temas. Ahora nos habíamos tenido que desviar del camino y estábamos perdidos en medio de un bosque, "por lo menos tenemos un camino" -pensé-. Que ironía, de todas formas no sabíamos donde estábamos. Buscábamos ayuda para nuestra amiga, pero de todas formas, ya era demasiado tarde; la habíamos perdido.
A lo lejos, muy a lo lejos, divisamos una casita de leña, muy humilde; pero por lo menos vimos que largaba humo por la chimenea. Estaba justo al final del camino, así que debíamos seguir caminando por donde veníamos. Todos se desesperaron, corrieron y corrieron, pero parecían nunca avanzar.
En ese momento me di cuenta que a pesar de todo, ellos seguían riendo y hablando como si nada hubiese pasado, mientras yo iba caminando sola, última en la fila, hundida en mi miserables pensamientos. ¿Cómo la pudimos perder así?.
Las horas pasaron y siguieron pasando, la noche cayó sobre nosotros y seguíamos sin avanzar, el camino parecía infinito. Los búhos, los grillos y el mecer de las hojas era lo único que se escuchaba; ya nadie hablaba. Por un minuto creí tener el don de leer las mentes, pero en realidad era simplemente percepción de la realidad; todos estaban por rendirse. Quería correr, huir de allí, ya no podía verles las caras, no podía permitir que se dieran por vencidos, aunque al ver el cuerpo inerte de nuestra amiga, yo también lo hice.
Caí en un pozo, profundo como tiempo. Corrí, corrí y corrí hasta desgastar la suela de mis zapatos, quería asegurarme que estaba lejos de ellos. Sabía que no iban a notar mi ausencia, como tampoco me iban a necesitar. Las lágrimas comenzaron a acariciar mis mejillas al mismo tiempo que me abría paso entre las plantas, las ramas y alguna que otra telaraña. De repente, tropecé, caí y me pegué duro contra el piso.
Estuve inconsciente un par de minutos, quizá segundos, y para cuando recobré la noción de tiempo y espacio me paré rápidamente, aunque un poco dolorida y me percaté de que había tropezado con una gran roca.
-¡Maldita seas! -maldije a la piedra y me di la media vuelta para seguir escapando, aunque no sabía a donde mi dirigía. Ya no tenía sentido correr, ya estaba lo suficientemente perdida como para seguir huyendo.
Sequé mis lágrimas y me senté sobre la roca, la cual era bastante grande, me sorprendió no haberla visto.
-¡Hey! Maldice todo lo que quieras, ¡pero no te sientes sobre mí! ¿Sabes lo que pesa un humano?
Esa voz, ronca y forzada, ¿de donde venía?, ¿quién me estaba hablando?. Giré la cabeza hacia todos lados, arriba, izquierda, derecha, arriba de nuevo, y nada. No había nadie.
-Estúpida humana, soy yo, y estás sentada sobre mí. Si no te importa, ¿podrías pararte?
Me paré casi por instinto, y quedé estupefacta ante lo que mis ojos veían. ¿Una roca? ¿Una roca me estaba hablando?, si, sin dudas iba a tener que visitar al psicólogo cuando volviera a casa. "Si es que algún día vuelves" susurró mi inconsciente, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Tal vez fueron aquellos hongos que comimos mientras íbamos caminando, tal vez eran hongos alucinógenos; sí, debía ser eso.
Acomodé un poco mi ropa y me di la vuelta para seguir corriendo, pero de nuevo la voz me interrumpió.
-¿A dónde crees que vas? -preguntó la roca- ¡Dios! Ya había olvidado lo idiotas que eran lo humanos -maldecía al cielo enfadado- ¿Que tiene de raro que una roca tenga vida?. Crees en vampiros, hadas, duendes, hombres lobo y ¿no puedes creer que una roca tenga vida?. Pensé que a ustedes, los humanos, les enseñaban que la naturaleza estaba viva.- ¿Era enserio todo aquello? Probablemente fuese un sueño, o estaba alucinando, pero parecía muy frustrada, tenía el ceño y la boca fruncidas. Decidí contestarle y seguir su juego. Porque debía de ser uno.
-Sí, pero que la naturaleza esté viva no quiere decir que esta pueda hablar.
-¿Hablar? ¿quién dijo que habla?
-Tú lo estás haciendo
-De hecho, nos estamos comunicando mentalmente -reí ante ese comentario, era irónico, yo hablando telepaticamente con una piedra; ahora entendía por que todos decían que estaba loca. Ni que la naturaleza fuese tan inteligente como para tener esos dones. Volvió a fruncir el ceño, la había molestado otra vez.
-¿De que te ríes? ¿No crees que podamos comunicarnos mentalmente?
-¿Porqué yo? ¿Porqué ahora?
-Eso no lo puedo contestar, pero al parecer nos teníamos que conocer.
-Esto es estúpido, me tengo que ir -volví a darme la vuelta para marcharme
-¿A dónde vas? -esa pregunta me paró en seco, no sabía, pero tampoco me importaba.
-No lo se -contesté penosa- pero tampoco me importa.
-¿Puedo acompañarte? -preguntó la roca y nuevamente reí, esto era absurdo
-Claro, sería un placer, si no fuera por el hecho de que no tienes piernas, no se como piensas transportarte. Porque yo no pienso cargar contigo.
-Sería lo mínimo que podrías hacer después de haberte sentado sobre mí- reprochó.
-Ni lo pienses
-Solo bromeaba, ¿crees que he estado aquí toda mi vida?
-Ehm, supongo que sí
-Pues no, así como puedo comunicarme contigo, también puedo transportarme por mi cuenta.
-Asombroso- fingí entusiasmo- Si me vas a seguir, nos vamos ahora.
Dicho esto me puse en marcha y para mi gran asombro, la roca caminaba a mi lado. Después de un rato de dar vueltas sin sentido decidí aceptar que no era un sueño, ni estaba alucinando. Decidí aceptar la existencia de una roca parlanchina, y muy molesta por cierto.
Caminamos durante horas, sin un camino fijo ni una dirección; mientras que al mismo tiempo hablábamos de la vida. La roca, o mejor dicho, él (sí, tenía nombre, e incluso sexo), me contó su historia de vida, no era muy emocionante, no se puede esperar mucho de una roca, pero al parecer teníamos más en común de lo que podía imaginar. Él había sido apartado de su grupo (sí, las rocas viven en grupo), mientras que yo, había decidido apartarme del mío. También me contó de sus problemas amorosos (sí, las rocas también tienen problemas amorosos), lo cierto es que al ser piedras, no son para nada sentimentales, pero sí tienen sentimientos; solo que son muy reservados. Le di algunos consejos, si es que podían funcionarle, no se que clase de consejos se le puede dar a una piedra, pero de todas formas, tal vez le servirían.
Luego fue mi turno de hablar, le conté mis problemas amorosos, aunque en este momento poco me importaba. También sobre el hecho de que me separé de mi grupo y que por eso estaba aquí, huyendo de ellos, y no olvidé comentar que habíamos sufrido la perdida de una amiga. Y sin poder imaginarlo, terminé sentada bajo un árbol, hablando con una roca, mí roca, contándole de mi vida, mis problemas, mis sentimientos, y el pozo que sentía dentro de mí.
Pasaron los meses y yo aún estaba perdida en el bosque, había conseguido comida, pero ya estaba aburrida de comer peces. Había encontrado una pequeña cascada, donde increíblemente caía agua pura. Allí bebía y conseguía algún que otro pececillo. Mi estado me hacía recordar a la película "Naufrago", y mi fiel compañero, la roca, no era nada más ni nada menos que Wilson. Lo cierto, es que la roca y yo nos habíamos hecho íntimos amigos, por muy ilógico que parezca.
Tuvimos alguna que otra discusión, debido a que le encanta llevarme la contra, y odiar todo lo que a mí me gusta, pero con el tiempo, aprendí a aceptarlo. Otra cosa que al principio me molestaba, demasiado, era que sentía que me criticaba en todo, incluso un día tuvimos una discusión por ello, donde me dijo que yo me creía el centro del universo, y a decir verdad, eso me dolió. Pero después de todo, creo que se lo agradezco, porque con sus golpes, con lo duro que era aveces conmigo, me ayudó a moldearme.
También le agradezco infinitamente porque él estuvo justo cuando yo estaba sola, me acompañó, y con sus charlas me ayudó a salir de aquel pozo oscuro y a llenar el agujero que estaba dentro de mí.
Es increíble que una roca pudiera hacer algo así, pero es cierto. Y me alegro de decir que estoy orgullosa, porque él a pesar de ser duro, me permitió ver su parte más sensible.
A pesar de que siempre nos estamos molestando, por que ya se nos hizo costumbre, él sabe que lo quiero.
Por eso hoy estoy escribiendo esto, quien sabe si alguien la leerá algún día, pero de todas formas, me gusta la idea de compartirlo con otras personas; aunque probablemente piensen que estoy loca. Si eso creen, les recomiendo algo, cuando se sientan hundidos en el vacío, piérdanse en un bosque; capaz tienen la misma suerte que tuve yo.
¿Mi vida?, mi grupo quedó atrás, quien sabe que será de su vida. Yo seguí mi camino, con un pequeño desvío de por medio, pero completamente necesario. Ahora me encuentro nuevamente por el carril correcto. Y obviamente, con mi fiel compañero, la roca.
¿Cómo termina mi historia?. Aún no termina. Aún sigo paseando por el infinito camino de la vida, ese en el que parece que nunca avanzo, a lo lejos veo la casita de leña, y sigue saliendo humo por la chimenea; pero no me apuro en llegar, preferí disfrutar el viaje.
Yo.
I wanna come back in time
Recuerdas cuando jugábamos a las mamás? Todo
parecía tan distante e imaginario, era un simple juego y nada más. Criar a un
niño, cocinar y trabajar eran formas de pasar la tarde deseando algún día
crecer para salir con amigos, sentirnos grandes y tener ciertas libertades. Me
acuerdo que a esa edad, lo único que quería era poder salir a cualquier lado
sin pedirle permiso a mis padres, llegar tarde a casa, enamorarme como en todas
las películas, ir a cumpleaños, a bailar; quería ser adolescente y ser considerada
un adulto. Porque odiaba que mis padres me dijeran “sos muy chica para esto,
sos muy chica para aquello”, no me gustaba ser considerada una niña.
Sin embargo, pensando en ser grande, me
olvidé de disfrutar todo aquello hasta en sus más mínimos detalles. No recuerdo
la fecha justa, ni el momento, pero me puedo ver guardando todas las muñecas en
una caja para al siguiente día volver a jugar; no se cuando fue, pero desde ese
día las muñecas no volvieron a salir de aquella caja.
Empecé el liceo, al fin lo que tanto deseaba
había llegado. La mejor etapa, sin dudas. Aunque aún no era lo suficientemente
grande para algunas cosas. Todavía escuchaba a mis padres decir “sos muy chica
para eso” pero sin embargo cuando me mandaban a hacer algo, me decían que ya estaba
lo suficientemente grande para hacerlo. Así que, ¿cómo es la historia?, sí, no
era lo suficientemente grande, pero ya no era una niña.
A pesar de eso, fue la mejor época. Siempre
había deseado tener esa edad, por lo tanto, comencé a disfrutar y a prestar
atención en todas las pequeñas cosas a las que antes, no había prestado
atención; no quería cometer el mismo error que cometí de chica.
Ahí apareció Disney, y con ello, mi fanatismo
por todas las bandas pop comerciales del momento, específicamente los Jonas
Brothers y Demi Lovato. Sí, hoy ya casi ni los escucho, fueron solo una etapa y
nada más. Y todavía escucho la gente que se queja de que son puro comercio, que
son de plástico, que son todos maricas, y otras cosas. Pero la verdad es que yo
les tengo demasiado aprecio, y todavía lloro escuchando sus canciones o viendo
películas o conciertos. La razón no es que aún sea fanática, es porque ellos
me recuerdan perfectamente la mejor época de mi vida, y lloro, pero no por
estúpida, si no por melancolía, porque hoy me encantaría volver a esa época.
Como explicarlo, desde el momento que ellos
aparecieron, que fue justamente cuando dejé de ser una niña pero todavía no era
un adolescente, fue cuando empecé a descubrir el mundo, conocer gente nueva,
cosas nuevas, emociones nuevas. Era una pequeña parte de lo que me esperaba en
la vida, pero todavía conservábamos la inocencia de un niño. Todavía teníamos
sueños y fantasías de niños, todo era más “suave”, no conocíamos la maldad, no
podíamos conocerla. Las cosas que hacíamos o deseábamos hacer, todavía tenían
esencia de niño, esencia de inocencia. Y ellos, representaron todo esto. Pero
aparte, con su música, de cierta forma me protegieron, me metían en una burbuja
de “fanatismo” y ellos fueron los que me ayudaron a prolongar lo más que pude
esa época. Yo seguía escuchándolos y alguna que otra vez siendo criticada
mientras veía que otros ya iban cambiando, de a poco dejaban de ser niños,
dejaban de tener esa esencia inocente, empezaron a conocer la maldad y a tener
otra clase de deseos.
Y sí recuerdo cuando terminó esa etapa, fue
el día que los Jonas Brothers se separaron, fue el día que me di cuenta que
todo lo que la gente decía era cierto, eran estrellas, ese era su trabajo y lo
único que hacían era decir que “nos amaban a todas”, para ganar dinero. Ese día
mi burbuja explotó. Y aunque parezca trágico o estúpido, desde ese día me abrí
al mundo y de a poco dejé de ser “mitad niña-mitad adolescente” y entré en el proceso
de la adolescencia. Que sin dudas es “adolecer”. Ahora, que cada vez estoy más
compenetrada en esta época y preparándome para la próxima etapa, en lo único
que pienso es en volver el tiempo atrás. En el que ya no éramos niños, pero
seguíamos teniendo la inocencia y la dulzura de tales. Desde que mi burbuja
explotó no pude volver a ser fan de alguna banda o algo, pero todavía lloro con
algunas canciones de esa época, o todavía me emociona y amo, aquellas bandas.
¿Por qué? Porque esa fue la mejor época de mi vida, y daría todo por volver a
vivirla. Porque ahora que soy “grande” quiero volver a ser una niña. Porque no
me gusta el mundo de los grandes, todo es más frío, real y oscuro.
miércoles, enero 16
Laberinto sin salida
Sus ojos, camuflados bajo el antifaz, eran el delirio de todo poeta. Siempre vestía un largo y delicado vestido negro de época. Nadie sabía su nombre, nadie sabía su identidad. Aparecía en medio de la fiesta, deslumbraba a todos y luego, sin dejar rastro alguno, desaparecía. Sus movimientos eran delicados y suaves, su aroma tan dulce como la miel se impregnaba en el aire del salón, cualquiera que sintiera ese aroma sabía que ella estaba allí. Sus ojos, sin dudas eran la debilidad de todos. No había persona, hombre o mujer, que se resistiera a su mirada. Tenía algo especial... seductor, con una simple mirada te atrapaba y ya no tenías forma de escapar. La verdad es que muchos deseaban poder tenerla, pero ella no le pertenecía a nadie.
Salía solo por las noches, algunas veces la podías ver caminar por la costa, siempre con su antifaz puesto. ¿Que escondía?.
Si bien muchos la deseaban, nadie se animaba a acercarse a ella, y últimamente ya nadie la miraba a los ojos. Es que la leyenda dice que quien mira a sus ojos, desaparece. Desde entonces, todos le temían, pero de todas formas ella seguía merodeando en las fiestas, rompiendo corazones y atrayendo todas las miradas. Ella era todo un misterio.
Él no era ningún aventurero pero estaba dispuesto a descubrir que tenía de mágica esa mirada, que tenía bajo ese antifaz. Estaba dispuesto a descubrir su identidad.
Era una noche oscura y fría, común en su país y en pleno invierno. Si bien él estaba acostumbrado a esos fríos postreros, esta noche tenía un especial escalofrío recorriendo su columna vertebral. Algo de ansiedad y miedo se anudaban en su estómago, esta noche ella iba a dejar de ser un misterio para él, estaba convencido de que iba a lograrlo. Pero como todo humano, sentía miedo a la incertidumbre y a lo desconocido. Pero que tonterías, él era un hombre valiente, no podía temerle a una mujerzuela.
Estuvo toda la noche observándola, distante pero a la distancia justa para controlar cada movimiento. Tenían razón todos los que decían que era una delicia para la vista, sus movimientos y su mirada lo habían dejado perplejo.
A las doce en punto sonó la campana y todos tomaron sus copas de champagne, se entrelazaron en parejas para brindar. Cada uno buscaba a la primer persona sola que encontrara, y él se acercó a ella, entrelazaron sus brazos y bebieron un sorbo. Él la miró desafiante a los ojos, "no te tengo miedo" transmitió con su mirada. Ella simplemente hizo una mueca, era un intento de sonrisa. La música del minué comenzó a sonar y él la tomó de la mano, comenzaron a bailar y lentamente él se fue perdiendo en los movimientos perfectos y áureos de aquella mujer. Su sonrisa y su mirada, sí que eran hipnotizantes, seductores y coquetos. Ella era un misterio.
De repente algo lo interrumpió y lo hizo volver a recuerdo de sí, y en una milésima de segundo ella ya no se encontraba a su lado. No podía haberse ido muy lejos. Salió corriendo, persiguiendo su aroma, corría sin saber a donde se dirigía.
Al encontrarse corriendo dentro del laberinto del jardín, perdido, comenzó a desesperar y un nudo se le hizo en la garganta. La había perdido, no había podido develar el misterio, no había podido develar su rostro. Y se había perdido a sí mismo dentro de un laberinto del cual no sabía como salir, ni como se había metido allí. Comenzó a caminar buscando alguna especie de salida hasta que por fin halló el centro del laberinto. Había un profundo aljibe, apenas podía notarlo ya que estaba todo muy oscuro, pero comenzó a escuchar voces, eran casi susurros que provenían de lo profundo del aljibe. Sintió pasos detrás de él, se dio vuelta del susto y allí estaba ella, parada justo delante de él, mirándolo desafiante, tentándolo a demostrar sus agallas. Con movimientos suaves y delicados se acercó hacia él, mientras él daba pasos hacia atrás, tratando de alejarse, de impedir el contacto con aquella mujer, tan misteriosa como el triangulo de las bermudas, pero tan seductora e irresistible...
Cuando se dio cuenta estaba nuevamente perdido en sus movimientos y en su mirada, pero esta vez su mirada reflejaban algo más que dulzura, era algo muy distinto, frunció el ceño y soltó una pequeña risa. En sus ojos había oscuridad, había vacío. Esa mujer no era más que una trampa.
Cerró los ojos con fuerza intentando evitar que su mirada se apoderada de él, pero fue imposible, él había perdido. Su cuerpo se debilitó y se tambaleó hacia atrás, cayendo dentro del pozo, profundo, oscuro y vacío como la mirada de aquella mujer, misterio.
Ella, desplegó sus alas negras, las batió con fuerza y voló hasta rozar la luna, su aliada, su hermana, su creadora.
Y así, la leyenda sigue teniendo sentido, todo aquel que la mire a los ojos, desaparece. Así que no confíes en todas las miradas, porque algunas pueden ser cuervos que solo esperan arrancarte los ojos.
jueves, enero 3
La vida y el tiempo
Cada final es un nuevo comienzo, eso dicen
por ahí…
Lo cierto es que para mí, no existen los
finales, es solo un invento de los humanos para mantenernos toda la vida
corriendo sobre la arena del reloj. El tiempo, no existe.
Partiendo de esta base, no hay necesidad de decir
“Voy a empezar a vivir” y entrar a desesperarse porque cada vez nos quedan
menos años de vida, y menos tiempo para cumplir nuestros sueños, o para hacer
eso que muchos llaman “vivir”.
¿Saben? Para mi vivir es otra cosa, es
justamente estar consciente de que todo esto no existe, que estamos varados en
medio del espacio, somos energía en movimiento. Una vez que uno es consciente
de lo que es, deja de preocuparse por ver el tiempo correr, deja de preocuparse
por la edad, el día, la hora. Todo lo que alguna vez pareció demasiado
importante, y hasta indispensable, deja de importar. ¿Cuántos hay que tienen
rutinas para todo y que viven pendientes del tiempo?. Lamento informarte que no
estás viviendo rutinariamente, estás siendo esclavo de algo que ni siquiera
existe.
La idea no es salir con carteles manifestando
“¡NOS HAN MENTIDO TODA LA VIDA !”
simplemente, jugar el juego. Aceptar que somos granitos de arena dentro del
reloj, seguir siendo esclavos de lo invisible, pero en cada momento libre que
tengamos en conexión con uno mismo ser consciente de lo que en verdad somos, y
ser conscientes de que la vida es solo un juego.
No hay que estresarse, solo hay que aprender
a jugarla.
Mi deseo, para este período, que en realidad
solo es vacío, pero que todos llaman “año nuevo” deseo que todo esto sea
posible dentro de mí, y dentro de cada uno que haya leído esto, lo haya entendido
o no.
Disfrutar la vida no es hacer todos los días
algo distinto y agotar todas las actividades, para morir “completo”. Tampoco
está mal, pero disfrutar la vida es recostarse en el pasto, respirar profundo
el aroma de la vida, agradecer por esta y que el cielo sobre nosotros, sean
nuestras metas.

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