martes, agosto 6

Fénix

Es un choque electromagnético de plumas
que se queman ante el roce;
ambas almas danzan en el aire
improvisando un ritual al sol.
Cubren de cielo al césped,
pintan con cerezas al corazón, 
encienden una llama en su interior
y de estas cenizas resucita la mariposa,
se reproduce y los rodea, los eleva.
Tocan las nubes, saborean las estrellas.

Encadenados están 
por un hilo rojo
invisible.

Invisible es el aroma
que impregna sus siluetas.
Invisible es el rastro, 
son las huellas que la luna persigue.
Ella los persigue, los espía
se alimenta de su magia
y bebe de ellos el amor.

Son estrellas que se acoplan para brillar más,
para ellos, es mucho;
para los demás, no es nada.
Son absurdos meteoritos, nada elegante.

¿Acaso nadie lo ve?
se necesitan, 
así como una rosa necesita de sus pétalos.

Lo más hermoso, lo más esencial
es invisible a los ojos.
Ellos no lo ven, pero saben que está allí
no necesitan ver para creer
que eso que allí tienen
eso que brota entre ambos,
es amor.

Son plumas inexpertas,
complementan al fénix.

Arden.

Aman.

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