Es fuego que quema el alma, y con cada beso nace el fénix que despliega sus alas dentro de mí. En un místico vuelo hace libre mi palpitar, se eleva y danza sobre nosotros. Nos rocía de un polvo brillante, y con su cola de fuego acaricia mis mejillas para luego posarse en su pecho. Quema, pero no duele ni me consume.
Cuando el tiempo y el espacio suenan, abro los ojos, para ese entonces el fénix vuelve a reposar en las cenizas de mi pecho. Cenizas que me dan vida, que impulsa mi sangre y se asemejan a las estrellas. Miro sus ojos de fuego, sonrío, tomo su mano y seguimos caminando.
Soy un alma de fuego, vivo de las llamas que en mí enciendes. Te amo por ser mi suspiro de vida y por dejarme arder juntos.
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