La brisa de ángel entra por mi ventanal,
suspiro y la tomo en mis manos, no es más que un soplo de vida. Inhalo su
fragancia pura, y endulza mis latidos.
Salto de la cama, corro la cortina y la veo, rociando
mis sueños, ahogando mis males. Me mira, acaricia mi mejilla y da varias
vueltas como el tiempo. Susurra un alado sonido a mi oído. Tomo su mano y me
elevo.
Cruzando el cielo armo rompecabezas entre las
nubes, acaricio el crepúsculo con mi pupila, la sigo, me guía. Bailamos, cantamos.
A su lado no hay dolor, ella me convierte en
pluma, suavemente eterna como su corazón, invisible como mis raíces.
Me guía hacia un bosque y en un estruendo de
dragones… caigo.
Caigo.
Caigo.
Toco la superficie con la curva de mi alma y
desciendo al mar profundo. Grito, me ahogo. Luego recuerdo, soy agua, soy
fuego, soy pluma.
Tomo su mano y me elevo. Ríe y hace que las
estrellas la miren, tan hermosa… tan pura…
La luna me balancea, atravieso la ventana y
caigo en mi cama. Ella se despide tan dulce como siempre.
Hace tanto no veía llover…
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