jueves, abril 25

Hamaca lunar

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Me perdí, bajo la luna, oía los aullidos de los lobos azules. Caminando sin sentido, ni dirección, me tiré en el piso y contemplé las estrellas con mi caleidoscopio. Paz, todo era paz, y el canto de los lobos era música.
Algo en mi interior se removió. Me paré enérgica, saqué una escalera de mi bolsillo, la apoyé contra el tronco de un árbol y comencé a subir.
Subí, subí hasta tocar las estrellas, saqué de mi mochila una hamaca y la colgué de la luna.
Me senté y me hamaqué eternamente.

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