Cada despedida me sabe a la última
con el peso de un te quiero que muere en mis labios,
sellados,
tal capullo que teme mostrar sus pétalos al sol.
Ser sordo e insensible se ha vuelto su mejor disfraz,
ser muda y observar como se aleja, mi dolor.
Mi corteza, una fina capa de cristales
la distancia, las grietas en él, en mi.
Cada despedida me sabe a la última
con el peso de un te amo que muere en un latido,
sentido,
tan doloroso como fingir ser, cuando no se quiere serlo.
Caminando sin sentido recuerdo, quien era, quien eras
eramos, juntos, ¿lo recuerdas?.
El tiempo escapa entre mis latidos, y yo no logro recuperarte
"algún día volverá" dice la masoquista esperanza.
Cada despedida me sabe a la última
con el peso de las lágrimas que caen cuando das la vuelta y te marchas,
y siguen cayendo,
y continuarán cayendo...
Sonríe, es la única razón por la que lucho
desearía ser la causa, pero detesto el efecto,
mi alma grita, mi corazón baila un minué
no hay dialecto que pueda explicar tanta impotencia.
Me duele lo que me gusta, pero me gusta que duela.
Las esperanzas se marchitan al verte correr, detrás de ella.
El fuego aumenta en mi cuerpo
y así, me controlas.
Cada despedida me sabe a la última
porque sé que el tiempo ha pesado en nuestras raíces
y mis ramas no alcanzan abrazarte.
Te pierdo en la bruma.
Y en este mismo proceso,
me pierdo, y no me encuentro.
El espejo refleja otra figura,
el alma late a otra frecuencia.
Cada despedida me sabe a la última,
porque sé que mañana moriré, lejos de tus brazos, lejos de los míos.
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