sábado, agosto 25

La espera mató al timido

Ya estaba acostumbrado a esperar por ella, siempre llega tarde a nuestros encuentros; pero toda espera vale la pena. Es que ella no lo sabe, pero es la mujer más hermosa que existe sobre la faz de la tierra, tal vez exagero pero no imagino mi vida con otra persona que no sea ella. Si… aunque es difícil cuando me habla de todos sus chicos, y nunca, pero nunca, se le ocurre pensar en pasar el resto de su vida conmigo. Claro, no soy atractivo ni el modelo de chico que todas quieren, pero hay algo que se con claridad; yo la podría hacer feliz. Es que no entiendo como puede amargarse por chicos tan imbeciles que ni siquiera saben su nombre, nunca voy a entender como puede derramar lágrimas por personas que besó una sola vez, y las conoció esa misma noche. Se que es muy tonta, pero yo la amo así. Si tan solo supiera que es la razón por la que despierto todas las mañanas con una sonrisa, solo porque se que la voy a ver, que la voy a abrazar y vamos compartir mucho tiempo juntos.
Amo cuando posa su cabello sobre su oreja, dejándolo caer con tanta suavidad como su piel, diría que es un ángel, pero se que tanta perfección no cabe en un ser humano, así que simplemente es perfecta, para mi.
Cuantas veces la habré escuchado decir “soy fea, nadie me quiere” y yo, como un simple amigo le subo el ánimo diciendo que no, cuando por dentro me encantaría decir una sarta de sentimientos.

Me encontraba sentado en la cafetería mientras mi mente viajaba, estaba decidido, después de cuatro largos años de amistad, de la pura y más hermosa amistad, se lo iba a decir. Hoy cuando ella llegue, tomaré sus manos con delicadeza y entre ellas depositaré mi corazón, para que haga con él lo que se le ocurra, de todas maneras este le pertenece.
La espera se estaba haciendo dura, el frío ya estaba congelando todo alrededor, este era el peor invierno. Las llamadas que nunca contestó, y así pasaron dos horas, y nunca llegó. Se que ella nunca fue puntual, pero nunca tardaba tanto, además como mínimo, me avisaba que no iba a llegar. Enojado tomé mi abrigo, estaba tan deprimido que comencé a caminar sin dirección, era como si una fuerza misteriosa me arrastrara hacia un lugar, ese exacto lugar donde debía estar, donde tenía que ver la cruel realidad que me estaba perdiendo.

Llegue en el momento justo, toda su familia llorando, todos los medios de comunicación sacando notas, las ambulancias, policías cortando la calle. Y mi mayor temor yacía en el piso, inmóvil, sin respiración. La mujer que amo, hermosa y angelical, realmente se había convertido en ángel, no entendía como había pasado, no podía creer lo que sucedía, pero allí estaba ella sin vida cortando la avenida.

Y así esa noche bajo la luz de la luna, le entregó su alma a las estrellas. Y yo corrí detrás de ella, de alguna manera íbamos a estar juntos.

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