Debajo de un viejo balcón florecían mis sueños
abatido por la soledad y el miedo,
el frío
el hambre
y el dolor.
A pesar de mi estado nada me impedía soñar.
¡Oh dulce imaginación! Siempre has sido la más...
mis palabras se elevaban trepando ese balcón
que se caía en pedazos,
se amarraba con miedo de la pared,
esa única porción de mármol que se sostenía en pie.
Detrás, el vacío
delante, la indiferencia.
La gente pasa, sin mirar, sin hablar.
Yo, sin sentido, ¿para que vivir en este estado?
Aún queda mi imaginación, pero...
¿de que sirve?
¿que valor tiene?
en esta sociedad, no vale en absoluto.
No se puede vender, no se puede consumir.
Yo tampoco valgo nada, estoy vacía
ellos también, pero aún tengo alma.
Gracias, ¿a quien?
a nadie, supongo
¿porque?
no me miren
estoy bien.
¿Nunca vieron a alguien caer?
No hay comentarios:
Publicar un comentario