viernes, junio 22

Aquella muchacha que en pleno Enero corría por la playa

Aquella muchacha que en pleno Enero corría por la playa, todos decían que estaba loca. Pero yo se que ella era feliz, sus problemas eran menores a sus ganas de vivir, nada importaba más que la diversión. Puedo decirlo porque era mi amiga, aquella muchacha de cabellos castaños y ojos transparentes era gran amiga mía. Siempre estaba dispuesta a todas las proposiciones, con una gran sonrisa y su tierna risa característica, era muy servicial y cariñosa. Sensible de más y de bajo autoestima. Yo siempre la traté como una muñeca de porcelana, tan frágil e indefensa. Siempre la vi como una persona bien formada en valores, y que realmente sabía apreciar la amistad, un poco alocada de más, pero su presencia nos alegraba a todos en donde sea que ella entrara. La extraño, un poco más de lo que podría imaginar.

Aquella tarde de verano, estábamos todas reunidas en la playa, no teníamos limitaciones ni preocupaciones, éramos libres por una semana. Alguna que otra rebeldía de jóvenes, totalmente indefensa, ninguna tenía malas intenciones. Solo una de nosotras, esa siempre fue la oveja negra, y este año que recién comenzaba, se notaba. Había cambiado, ya no pensaba en las mismas cosas, ni tenía la misma idea de “semana de descanso en la playa con amigas”, si bien ella hacía divertidos los momentos, yo no estaba nada alegre con su cambio pero tampoco me importaba mucho.
No me sorprendió que su llegada alterara las cosas, aquella muchacha que corría alegre por la playa fue influenciada por la oveja negra. Esa noche sucedió algo común para muchos adolescentes, pero nuevo para nosotras. Después de preocuparnos, gritar, patalear, y casi pelearnos físicamente, procuramos cuidar a nuestra amiga y la llevamos a casa. Fuimos pocas las que nos mantuvimos despiertas toda la noche cuidándola, nos turnábamos, y buscamos soluciones de todo tipo. Esa noche todo cambio, ella había conocido las tentaciones y yo comencé a sentir el aire de aquel grupo de amigas tan unidas que se estaría por fragmentar.
Hoy, es solo una divertida anécdota que en secreto quedó guardada.  

A partir de aquel verano, ella cambió. Nuevo año, retornamos al liceo, nuevas esperanzas. La oveja negra y ella se hicieron más amigas, y en nuestro grupo se notaban diferencias. Ambas comenzaron a salir, a conocer la noche urbana, tomar, fumar y todas las cosas que implica salir a bailar. La oveja negra con novio, ella soltera.
A medida que el tiempo fue pasando, cada vez se distanciaron más y más, por lo menos conmigo, me daba vergüenza verlas y saber las cosas que hacían, pero aun así las consideraba amigas, les daba consejos y mis opiniones pero según ellas yo fui moldeada a la antigua y no se lo que es la diversión de hoy en día. Como sea, yo no tenía nada que ver, que hagan lo que quieran. Todo lo malo que uno hace, vuelve.

Una mañana de invierno ella llegó al liceo encapuchada, el día anterior no asistió a clases y las semanas anteriores actuó de manera extraña y sospechosa. Nadie supo que le ocurría, solo hablaba con su amiga, fieles compañeras del crimen. No nos costó darnos cuenta lo que sucedía, y mucho menos comprobarlos, estaba enferma y gravemente.
Nos desesperamos, hablamos con mayores, debíamos hacer algo, nuestra amiga, podría estar con riesgo de vida. La amo, no la quiero perder, no sin al menos haber intentado todo lo posible por salvarla.
Los días pasaban y la situación seguía igual, cada día la tristeza me consumía más.

Ya no corría, no saltaba, no reía, solo lloraba. La amistad no era tan importante, o por lo menos no tenía confianza para contarnos. Sus valores se habían esfumado, su sonrisa también. Las ojeras, sus extrañas actitudes… su repentino adelgazamiento. Ella ya no era ella, era otra persona dentro de su cuerpo, su desgastado cuerpo. Por favor, devuélvemela.

No encuentro motivos que la llevaron a esto, no encuentro solución, ni palabras de apoyo, sus lágrimas, mis lágrimas, nuestras lágrimas unidas por una misma lucha. Una lucha que ella no quiere luchar, ella quiere seguir así, ella cree que está bien. Un abrazo de consuelo, donde le trasmito todas mis fuerzas, todo mi dolor lo convierto en energía positiva que la ayude a recobrar sentido, a cambiar de idea. Por favor, no dejes que nada malo le pase.

“Te amamos” dijimos todas al unísono y cada una  fue camino a su hogar, este maldito viernes en que ella confió en nosotras y nos contó todo, me destruyó. Sinceramente no hay nada que pueda hacer, quisiera ser un súper héroe y poder ayudarla, pero no puedo, lo único que debo hacer es callar y apoyarla.

Que triste a lo que uno es capaz de llegar a hacer solo para complacer a esta puta sociedad. Me repugna, me da asco. El espejo no es nada más que una pura ilusión de su mente, se alimenta del vacío y así se siente bien. Si tan solo pudiera ser Dios, me encargaría de que esta sociedad fuese distinta, otros ideales, sería completamente distinto.
Y pensar que hace millones de años el cuerpo era considerado algo vulgar, algo sin sentido, lo más importante era el alma. Seré moldeada a la antigua… pero mi alma tiene más valor que un maldito reclame de modelos sumamente delgadas. Y si la gente pensara al menos un poco como yo, créeme que todo sería un poco más distinto. No soy nadie, pero agradezco seguir siendo fiel a mi misma y no dejarme llevar por las tentaciones, agradezco todo lo que tengo y todo lo que no tuve que vivir. Pero por primera vez me encuentro ante algo que me preocupa demasiado, ante una situación que me destroza por dentro, y no me gustaría llegar a lo peor.

Te lo prometo amiga, ya va a volver aquella muchacha que en pleno Enero corría por la playa.

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