Al crepúsculo violáceo que crece en mi jardín...
no hay flor tan elegante
no hay flor tan elegante
ni estrella tan suave,
sin pinceladas de aquella tarde que se hizo oscura.
Derrama sobre mí gotas de cordura
y yo que creía levitar
entre lluvia de pétalos.
Enredadera de desespero camino al cielo.
Corté sus púas con delicadeza.
Me agradeció vistiéndome entre sus plumas,
estremeció mi cuerpo...
y la noche cayó.
Come del fruto y libérate
sin miedos ni temores
entrega tu luz y cae sobre la seda
toma mi piel y hazla añicos.
No importa el mañana,
alguien arrancó el crepúsculo de mi jardín.
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