Acaricié la
rosa, su fogoso perfume.
El invierno
marchitó toda ilusión,
congeló su
corazón.
Pido mis
disculpas, pero el reloj no paró.
Sin ti se
seca el paraíso
y se oye
solo el silencio de una guitarra postrada.
Su piel fría
como la noche, sus labios prendidos fuego
quiero volver
a ser polvo,
devuélveme
la magia de mis pesadillas.
El pétalo se
escapó, tan real como los duendes
aún me
observa a lo lejos, cuídalo.
El viento
trae susurros del más allá
y los peces
luchando por el cáliz de oro.
Por un
momento pensé que el olvido no se volvería tan usado.
Dime loca,
pero yo nunca lo he intentado.
Cada risa
nerviosa suele ser tu invocación
quemaste fotos
y recuerdos
para mi todo
fue vacío.
En un rincón
abstracto del palacio, tu sombra se acurruca en mis brazos,
me pide
a gritos que le deje volar.
Estamos
ocultos en la oscuridad.
Somos solo el
disfraz del deseo y la pasión,
lloran, ya no
se quieren esconder.
Deja que
caiga el sol y báilame al oído dulcemente.
Olvida el
caparazón, olvida el dolor
lo juro,
conmigo no necesitas protección
somos uno,
luchare contra el dragón. Seré tu escudo.
Solo quítate
el armazón y permite que nuestras almas por fin se unan.
¿No lo
habías notado antes?
Somos almas
gemelas jugando cinchadas.

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