sábado, julio 7

Atardecer de invierno

Congelado cielo de pintores
helados susurros que entre mis brazos se cuelan
la carga de medio año
y la otra parte que pronto desaparecerá.
Cada año es más duro.

La melancolía de aquel Julio
la mató.
Y entre lluvias y tormentas
tal rosa en el desierto su cuerpo se secó;
no aprendió del sol.

A pesar del frío, y el dolor
él siempre estuvo presente iluminando su vida
cuando él se apagó, ella también.
Por su desamor,
hoy todos debemos vivir el apagón.

Milagroso el día en que volvió a brillar
no la vimos, pero sabíamos que estaba allí
el color rosa pincelaba el cielo
y su sonrisa estaba allí dibujada.
Se había vuelto a enamorar.

"Te amo más de lo que te amaba antes"
dijo ella antes de desaparecer bajo del horizonte.
No aguanté más, me senté en el suelo y comencé a llorar.
Esa era su despedida, nos iba a abandonar.
Otra vez. La oscuridad nos envolvió.

El aullido del perro se mezclaba con mi llanto
creando una triste sinfonía de despedida.
Se fundió en el más hermoso atardecer.
Él se habría vuelto a enamorar;
pero así fue como ella se rindió.

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