Puntillismo de colores en la oscuridad de la eterna soledad.
Campanarios impuntuales gritan desesperados.
Pétalos marchitos como vestido
y las espinas torturan mis gélidos dedos,
el anillo, venenoso vacío,
rompe toda cordura, me quita todo color y calidez.
Camino hacia el altar,
observo la inerte imagen,
repugnante ser abandonada, tanta palidez y falta de vida...
Me acerco para tocar ese gran agujero en el pecho,
tan profundo como la canasta de frutas podridas que cuelgan de su brazo.
No logro alcanzarlo, intento atravezarlo.
El espejo se quiebra en millones de púas que se esparcen por el suelo,
y yo también.
y yo también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario