Suena el despertador, abro los ojos y suspiro; otro día más. Me visto rápidamente, y me voy para el liceo. Sin ánimos, con frío, y con temores de lo que podría pasar en el día. Las horas se pasan lento, el sueño y la monotonía se vuelven más pesados al correr los minutos y yo sigo deseando correr de vuelta a casa. Suena el timbre, la alegría de todos los alumnos; el día ha finalizado sin problema más que algún llanto reprimido. Salgo corriendo por la puerta, y me encuentro con el dolor. Empiezo a creer que la vida me toma el pelo.
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