Llego a la fiesta de cumpleaños acompañada por mi novio y sus amigos, hoy su hermanito cumple cinco años. Saludo a todos, sonrío abiertamente ya que estoy de buen humor y me agrada el ambiente familiar, siento que va a ser un bonito festejo. Pasada la hora y media me siento en una mesa, escondida en un rincón para que nadie me vea, y me quito los tacones que me estaban matando. Suspiré, comí, hasta que una persona se acerca a la mesa y se sienta cómodamente en una silla frente a mí, levanto la vista y mis ojos no podían creer lo que estaban viendo, era él, ¿qué hacía aquí?.
-Hola, te agarré... debe ser difícil caminar todo el día con esto en tus pies- sonrió para luego terminar su frase en una risita tierna mientras tomaba uno de mis tacones en sus manos -¿como has estado? hace tanto que no te veo... no has cambiado nada-. Me costó unos minutos volver a la realidad, y cuando lo hice las únicas palabras que salieron de mi boca fueron "te extrañé" fijando mi vista en sus ojos celestes. Durante los siguientes cinco minutos no quité mi mirada de la suya, y él tampoco lo hizo, simplemente nos mirábamos... sin decir nada.
-Yo también te extrañé- dijo él suavemente para no romper ese maravilloso momento que habíamos creado -no sabes cuanto...- esas últimas palabras fueron un susurro que apenas pude oír, bajó levemente la cabeza y miró sus manos que estaban sobre la mesa, entendí perfectamente... había sufrido al igual que yo.
Lo miré con compasión y le dije: -aún recuerdo aquellos días como los mejores, nunca podré perdonarme por lo que hice- subió su mirada hasta encontrarse con la mía y entendió que yo también había sufrido nuestra despedida, pero no se animó a decir nada. -Y tampoco me he olvidado de tu sonrisa traviesa cada vez que quedábamos solos en la casa- al decir esto reí, ya me estaba incomodando el silencio, y él al recordar esos momentos se sonrojó. Seguimos hablando durante unos minutos, riendo al recordar situaciones que habíamos vivido juntos pero me tuve que ir ya que mi novio me vino a buscar para presentarme a unos familiares, ya estaba cansada de regalar sonrisa a cada uno de sus familiares.
-Veo que ya conociste a mi primo Ian, discúlpame pero me llevo mi novia- dijo cortante y pude ver el gesto de frustración en el rostro de él.
Después de un recorrido incómodo alrededor de toda la familia, nos sentamos afuera y a través de la ventana vi a Ian sentado en el mismo lugar donde lo había dejado. Me sonrió y comenzó a hacerme señas extrañas que yo no logré interpretar, se paró y salió hasta donde me encontraba y me entregó mis tacos, ¡¿oh dios como no me di cuenta que no los llevaba puestos?!, me sonrojé y luego reí, el sonrió ampliamente y volvió a entrar al mismo lugar donde estaba antes.
Al otro día decidí ir a dar una vuelta por el camping, allí siempre me encuentro con alguno de mis amigos, y así fue, estaban mis dos mejores amigos jugando a un juego donde según la casilla donde caigas tienes una prenda o mejor dicho, algo que tienes que hacer. Me puse a jugar con ellos y caí en la casilla que decía "15 minutos a solas con tu amado". En ese mismo momento apareció Ian, sonreí abiertamente, me paré con energía, lo tomé de la mano y corrimos por la pradera como dos niños chicos. Nos tiramos al suelo y rodamos por el pasto, el olor de las flores y el fresco aroma del césped se impregnó en nuestra ropa, así como su perfume en mi piel. Siempre había usado el mismo, dulce pero nunca empalagoso. Lo recordaba tan bien, cada roce, cada caricia, los besos, la suavidad de su tacto, que hermosos tiempos, ¿donde habían quedado?, ¿porqué lo había perdido?.
Volviendo a la realidad tomé consciencia de lo que estaba haciendo, estaba revolcándome en el pasto con el primo de mi novio, ¿acaso eso no está mal visto?, no debería estar aquí.
-¿Porqué tomaste mi mano y salimos corriendo?- preguntó Ian riendo, estaba recostado a mi lado mirando el cielo. Se volteó de costado para mirarme y yo deseaba que me tragara la tierra, ¿que iba a contestar?.
-La verdad. Estaba jugando con los chicos, y mi prenda era "15 minutos a solas con tu amado", fue un impulso del corazón
-¿Impulso del corazón o confusión de la mente? No se si te has dado cuenta pero no soy mi primo...- dijo parándose y quitándose el pasto de la ropa, planeaba irse.
-Lo se, eres Ian. Siempre vas a ser tú.
En el momento que escuchó eso todo se detuvo, parado quedó estático pero con sus ojos fijos en mi, ni él ni yo podíamos creer lo que había acabado de decir. Los latidos se detuvieron al igual que nuestra respiración, él aún estaba en shock, claramente estaba luchando con su interior. Una parte de él quería lanzarse sobre mi, había escuchado perfectamente lo que yo dije, y sabía a que me refería, sabía lo que sentía, pero a la vez sabía que no era lo correcto, debía controlarse; pero ni siquiera se le ocurría una palabra, nada que pudiera hacer o decir.
No lo pensó dos veces, se dejó llevar por el impulsó y me besó. Acopló su cuerpo perfectamente al mio, yo que aún estaba en el suelo sentí la presión de su cuerpo sobre mi, sus manos rodeaban mi cintura mientras que las mías jugaban con su cabello. Ya había olvidado lo deliciosos que eran sus labios, como los había extrañado. No había apuro, el tiempo había dejado de correr. Sus labios eran tan suaves, y los míos tan frágiles, juntos creaban una dulce sinfonía, eran el uno para el otro. "Siempre te pertenecí" susurré entre sus labios.
Lentamente se nos acababa la respiración pero no había forma de que nos soltáramos, él me presionó a su cuerpo aún más y yo crucé mis piernas alrededor de su cintura, nuestros labios estaban ahora ardiendo. Sin soltarnos ni un segundo se paró y conmigo a upa se caminó hacia el árbol más cercano que estaba a unos pocos pasos, apoyó mi espalda sobre el árbol y yo bajé mis piernas para quedar parada frente a él. Separamos nuestros cuerpos por unos segundos, nos miramos dulcemente a los ojos, nuevamente se acercó a mi y me susurró al oído: "¿sabes que esto que estamos haciendo está muy mal?" río y pude sentir su respiración en mi cuello. Yo reí y le dije "creo que me iré al infierno después de esto". Sus labios depositaban pequeños besos en mi cuello, subían y bajaban a través de este, jugando con tanta libertad como si ya conocieran el trayecto perfectamente, y así era, cuantas veces nos habremos encontrado en esta misma situación. "Nos iremos juntos" susurró antes de nuevamente acoplar sus labios con los míos, jugaban con delicadeza y pasión, eramos uno, siempre lo fuimos. La temperatura seguía elevándose a medida que caía el sol en el horizonte, nuestros cuerpos se extrañaban, realmente necesitaban volver a encontrarse. Ya habían pasado más de quince minutos pero nadie nos fue a buscar, estábamos perdidos en el medio de la nada mientras que el reloj parecía estático para nosotros.
Solo la noche fue testigo y cómplice de nuestros pecados que murieron bajo las estrellas y se ahogaron en el mudo grito del mar.
Después de un recorrido incómodo alrededor de toda la familia, nos sentamos afuera y a través de la ventana vi a Ian sentado en el mismo lugar donde lo había dejado. Me sonrió y comenzó a hacerme señas extrañas que yo no logré interpretar, se paró y salió hasta donde me encontraba y me entregó mis tacos, ¡¿oh dios como no me di cuenta que no los llevaba puestos?!, me sonrojé y luego reí, el sonrió ampliamente y volvió a entrar al mismo lugar donde estaba antes.
Al otro día decidí ir a dar una vuelta por el camping, allí siempre me encuentro con alguno de mis amigos, y así fue, estaban mis dos mejores amigos jugando a un juego donde según la casilla donde caigas tienes una prenda o mejor dicho, algo que tienes que hacer. Me puse a jugar con ellos y caí en la casilla que decía "15 minutos a solas con tu amado". En ese mismo momento apareció Ian, sonreí abiertamente, me paré con energía, lo tomé de la mano y corrimos por la pradera como dos niños chicos. Nos tiramos al suelo y rodamos por el pasto, el olor de las flores y el fresco aroma del césped se impregnó en nuestra ropa, así como su perfume en mi piel. Siempre había usado el mismo, dulce pero nunca empalagoso. Lo recordaba tan bien, cada roce, cada caricia, los besos, la suavidad de su tacto, que hermosos tiempos, ¿donde habían quedado?, ¿porqué lo había perdido?.
Volviendo a la realidad tomé consciencia de lo que estaba haciendo, estaba revolcándome en el pasto con el primo de mi novio, ¿acaso eso no está mal visto?, no debería estar aquí.
-¿Porqué tomaste mi mano y salimos corriendo?- preguntó Ian riendo, estaba recostado a mi lado mirando el cielo. Se volteó de costado para mirarme y yo deseaba que me tragara la tierra, ¿que iba a contestar?.
-La verdad. Estaba jugando con los chicos, y mi prenda era "15 minutos a solas con tu amado", fue un impulso del corazón
-¿Impulso del corazón o confusión de la mente? No se si te has dado cuenta pero no soy mi primo...- dijo parándose y quitándose el pasto de la ropa, planeaba irse.
-Lo se, eres Ian. Siempre vas a ser tú.
En el momento que escuchó eso todo se detuvo, parado quedó estático pero con sus ojos fijos en mi, ni él ni yo podíamos creer lo que había acabado de decir. Los latidos se detuvieron al igual que nuestra respiración, él aún estaba en shock, claramente estaba luchando con su interior. Una parte de él quería lanzarse sobre mi, había escuchado perfectamente lo que yo dije, y sabía a que me refería, sabía lo que sentía, pero a la vez sabía que no era lo correcto, debía controlarse; pero ni siquiera se le ocurría una palabra, nada que pudiera hacer o decir.
No lo pensó dos veces, se dejó llevar por el impulsó y me besó. Acopló su cuerpo perfectamente al mio, yo que aún estaba en el suelo sentí la presión de su cuerpo sobre mi, sus manos rodeaban mi cintura mientras que las mías jugaban con su cabello. Ya había olvidado lo deliciosos que eran sus labios, como los había extrañado. No había apuro, el tiempo había dejado de correr. Sus labios eran tan suaves, y los míos tan frágiles, juntos creaban una dulce sinfonía, eran el uno para el otro. "Siempre te pertenecí" susurré entre sus labios.
Lentamente se nos acababa la respiración pero no había forma de que nos soltáramos, él me presionó a su cuerpo aún más y yo crucé mis piernas alrededor de su cintura, nuestros labios estaban ahora ardiendo. Sin soltarnos ni un segundo se paró y conmigo a upa se caminó hacia el árbol más cercano que estaba a unos pocos pasos, apoyó mi espalda sobre el árbol y yo bajé mis piernas para quedar parada frente a él. Separamos nuestros cuerpos por unos segundos, nos miramos dulcemente a los ojos, nuevamente se acercó a mi y me susurró al oído: "¿sabes que esto que estamos haciendo está muy mal?" río y pude sentir su respiración en mi cuello. Yo reí y le dije "creo que me iré al infierno después de esto". Sus labios depositaban pequeños besos en mi cuello, subían y bajaban a través de este, jugando con tanta libertad como si ya conocieran el trayecto perfectamente, y así era, cuantas veces nos habremos encontrado en esta misma situación. "Nos iremos juntos" susurró antes de nuevamente acoplar sus labios con los míos, jugaban con delicadeza y pasión, eramos uno, siempre lo fuimos. La temperatura seguía elevándose a medida que caía el sol en el horizonte, nuestros cuerpos se extrañaban, realmente necesitaban volver a encontrarse. Ya habían pasado más de quince minutos pero nadie nos fue a buscar, estábamos perdidos en el medio de la nada mientras que el reloj parecía estático para nosotros.
Solo la noche fue testigo y cómplice de nuestros pecados que murieron bajo las estrellas y se ahogaron en el mudo grito del mar.
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