La luz
se cuela en mi ventana,
despliego
mis pupilas y caigo en la cuenta del reloj
que
monotonía vivir de la rutina,
siempre
tan cargada de lumbres agonizantes.
Susurros
recorren los pasillos,
hay
intrusos en la casa.
¡Gigantes
han invadido mi hogar!
creí
haber dejado mi mente pegada a la almohada.
Corriendo
hacia la sabiduría de ladrillos
me
persiguen las sombras,
altas,
enormes, malvadas
su
color verde solo simbolizan desesperanza.
Junto a
ellas no soy más que un simple insecto
me
manipulan, se aprovechan de mi desventaja.
Por un
momento deseé rozar las nubes
para
comerlas de un bocado, para espantarlas.
Eran
bichos que se revolcaban entre la misma basura.
Me
encontraba rodeada, ¿se habían sembrado en el asfalto?
¡Oh,
no!, era gente, llena de gusanos, podredumbre.
Pero
ellos me asustaban más.
Deseé
correr, deseé despertar
la
oscuridad se apoderó del colegio
sufrí,
me lastimaron, se alimentaron de mí.
Solo
ella podía estar detrás de esto.
Se
acercó hacia mí con la victoria en su rostro
¿tanto
me odiaba?.
Sus
ojos reflejaban lastima
pero su
pequeño cuerpo eran el rojo vivo del fuego.
-Déjame
despertar…
-Este
no es un sueño, es la realidad,
los
enanos de jardín no te quieren ver en paz
y yo,
bruja, polvo de venganza eché sobre tus sábanas.
Las
rosas marchitaron, perdieron su fragancia
las
gotas de dolor cayeron sobre mi almohada…
…la luz
se cuela en mi ventana,

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