martes, noviembre 13

Duendes

La luz se cuela en mi ventana,
despliego mis pupilas y caigo en la cuenta del reloj
que monotonía vivir de la rutina,
siempre tan cargada de lumbres agonizantes.

Susurros recorren los pasillos,
hay intrusos en la casa.
¡Gigantes han invadido mi hogar!
creí haber dejado mi mente pegada a la almohada.

Corriendo hacia la sabiduría de ladrillos
me persiguen las sombras,
altas, enormes, malvadas
su color verde solo simbolizan desesperanza.

Junto a ellas no soy más que un simple insecto
me manipulan, se aprovechan de mi desventaja.
Por un momento deseé rozar las nubes
para comerlas de un bocado, para espantarlas.

Eran bichos que se revolcaban entre la misma basura.
Me encontraba rodeada, ¿se habían sembrado en el asfalto?
¡Oh, no!, era gente, llena de gusanos, podredumbre.
Pero ellos me asustaban más.

Deseé correr, deseé despertar
la oscuridad se apoderó del colegio
sufrí, me lastimaron, se alimentaron de mí.
Solo ella podía estar detrás de esto.

Se acercó hacia mí con la victoria en su rostro
¿tanto me odiaba?.
Sus ojos reflejaban lastima
pero su pequeño cuerpo eran el rojo vivo del fuego.

-Déjame despertar…
-Este no es un sueño, es la realidad,
los enanos de jardín no te quieren ver en paz
y yo, bruja, polvo de venganza eché sobre tus sábanas.

Las rosas marchitaron, perdieron su fragancia
las gotas de dolor cayeron sobre mi almohada…
…la luz se cuela en mi ventana,
despliego mis pupilas y caigo en la cuenta del reloj.

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